Sonrío en el bus, y no hay nadie que me vea. ¿Que desperdicio, verdad? Con lo difícil que es sacarle una sonrisa a alguien que casi odia respirar...
Será el tiempo. Éste calor, el vuelo de las mariposas alrededor, la brisa que mece el césped y el tiempo, haciéndolos eternos. Será la música, o la comida, o el tacto de la ropa con la piel, que hace que se me erice.
O tal vez sea este dolor en el pecho que me caracteriza. Me pregunto realmente si algún día se me pasará...
Ahora estoy sentada junto a ella, que realmente no es ella, es ese concepto, esa sensación que me persigue, ese miedo y dolor que me acompaña cada vez que pronuncian las palabras. Esas por las que nunca se si sentirme dolida o agraciada. Seguro que sabéis como me siento en realidad. ¿Será que no sé apreciarlo?
Quiero decir... Segundo plato. ¿Postre?
¿Qué es lo que mas se saborea realmente? Tal vez yo no lo sepa, que odio comer. Al fin y al cabo siempre hay remordimientos sea cual sea el plato.
Comida y vida. Placer y dolor. ¿Tienen relación? ¿Y el amor y el odio? ¿Pueden ir de la mano? ¿Pueden ser amigos y compañeros fieles? Yo y yo. ¿Podemos llevarnos bien?
Contradicciones de la vida, paralelismos, metáforas.¿Será la música el consuelo que me quede? ¿Nos queda alguno realmente? Solo nos mentimos cuando sabemos que nadie nos entiende.
¿Se fijará alguien en los pequeños detalles? ¿En los míos? Murmullo. El pequeño punto negro en mitad de todas esas pequeñas estrellas esparcidas por un universo solitario, silencioso. Murmullo.
Una cama limpia y blanca, donde reposar, descansar. La luz de la luna entrando por la ventana, creando un aura mágica para un ser pequeño y asustadizo que duerme, y respira profundamente, con la cara aún mojada por la ultima lágrima que saltó de su lagrimal.
Una canción, miles, que forman una, que surgen de un día soleado de una primavera temprana; del aroma a café en una mañana lenta y suave; del humo de un cigarro acompañado de un par de sonrisas y un beso que no existe.
Ahora tengo frío, y me siento sola, pero un tipo de soledad distinta a cualquiera que haya experimentado a lo largo del día. La soledad de la noche es fría, dura, cortante, asfixiante... es cuando te das cuenta realmente de lo sola que estás.

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