Ha vuelto a pasar, ella estaba ahí bailando, aún escuchando la misma canción, y me miraba fijamente, con esos ojos negros, y hundidos y llenos de ojeras.
Qué me dirías si te dijera que hoy no quiero ver el sol, que prefiero ver tus ojos hasta el amanecer que no veré.
Qué me dirías si te dijese que hoy no quiero oir el mundo, que prefiero oir tu risa hasta que me quede sorda.
Qué me dirias si te dijese que hoy no quiero hablar, que quiero que me escuches el corazón y dejar que él lo diga todo.
Que me dirías si te dijese que hoy no quiero sentir el viento ni la brisa, sino tus manos arrancándome la camisa.
Que tal si ahora te digo, que hoy te siento hasta en el ombligo.
Cómo explicarte que el mundo no está hecho para mi, que mi mente va mas rápido de lo que yo quisiera y crea historias que no existen sólo con el fin de autoconvencerse a sí misma que de debe haber un lugar en el mundo por minúsculo que sea en el que pueda estar tranquilamente. Pero yo sé que no es asi, que en realidad no existe. Cómo explicarte que la única vez que sentí felicidad fue en aquel instante en el que soñaba con un futuro prometedor, como mujer y marido que habían deseado estar juntos desde los 13 años. Cómo explicarte que mi vacío se ha ido agrandando a medida que todos y cada uno de los sueños en los que creía y confiaba fueron cayendo poco a poco como piezas de dominó perfectamente colocadas para que ni una, ni una sola, fallase al caer sin derribar la siguiente. Cómo explicarte que yo ya no creo en las cosas, ni en la vida. O tal vez si, pero como algo demasiado fugaz, lleno de idas y venidas, en las que no hay tiempo de sentir, no hay tiempo de disfrutar, ni de llorar de verdad. Que estamos todos muertos, chiquillo, que no vale la pena pararse a preguntarse por qué. Aunque duela. Se trata de sobrevivir, y ya está. Aquel que diga que es feliz, miente, es imposible, llámame pesimista, sé que lo estás pensando, pero es cierto. Siempre hay algo, una mancha en el objetivo que te estropea la foto, aunque no quieras. O llámame simplemente egoísta y envidiosa por no poder entender que la gente sea feliz con tan poco. O llámame exigente. Sea como sea... aún siendo feliz, acabará. Llámame dramática, pero es lo único que la vida me ha enseñado hasta ahora. De los sueños te despiertas, a veces mas apaciblemente, otras con una ostia en la cara, pero lo haces. De las personas te separas, a veces con una discusión, otras con el mejor polvo de tu vida. De las ilusiones te cansas, descubres que el mago lleva siempre un As bajo la manga y te cansas de esperar que las cosas cambien, para nada. De los trabajos te hartas, acabas haciendo eso que no te llena, sólo por que aquello que lo hacía se esfumó cuando te despertaste del primer sueño. Tal vez esto si que sea una mamaostiez, pero, ¿Y lo que mola que te respondan asi a una pregunta? Quiero decir, bah, déjalo. Está bien, no diré que no seré feliz nunca, dejémoslo mejor en que simplemente no espero serlo. Confío en que simplemente desapareceré como un cigarro, y dejaré en los demás algo de mi, aunque sólo sea un olor, o un regusto en los labios.Y a la tumba me llevaré conmigo el olor y el regusto de muchos otros, cuantos pueda que puedan enseñarme a ser un poco mejor persona en esta estúpida vida que tengo que vivir. Aunque sea inútil, yo lo quiero intentar.
Hoy me levanté con el pie izquierdo y un plato en el suelo. Y unas ganas horribles de darte unos buenos buenos días, de estos que me gustarían tanto. La persiana estaría subida iluminando tu cara, dándole esos tonos azulados de las mañanas en que piensas que sera un buen día para pasárselo contigo metida en la cama. Tu pelo revuelto y las sabanas reliadas entre tu cuerpo y el mio. Mi cara tendría como elemento principal unas ojeras dignas de Johnny Depp en una peli de Tim Burton, acompañadas de una sonrisa cálida que contrastaría con la fría mañana que se ha presentado. Tus ojos cerrados me incitarían a besarlos suavemente y a dedicarle una caricia a tu cara mientras imagino las historias que sueñas, y pienso en los sueños que imaginas cuando estas despierto. Con esfuerzo apartaría las sabanas para acercarme a la mesa, estratégicamente colocada cerca de la cama, para alcanzar el pitillo que dejé liado la noche anterior. Y lo encendería mientras disfruto de esa primera calada que llega a la punta del dedo gordo del pie. "Have a cigar". Y te acercaría el humo a la cara. Pondría la canción, muy bajita, muy suave, como la piel de mis costillas cuando acabo de salir de la ducha. Poco a poco y tras mirarte y sonreír, empezaría a besar tu cara, y tu cuello y tus orejas calentitas, mientras tu, te quejas y sonríes al saber que soy yo y no otra quien te desvela de tu sueño esta mañana para seguir haciéndote soñar. Y otra calada. Y otra vez el humo saliendo de mis labios, para acariciarte la piel y dejar su aroma en tu pelo. Y otra vez tus quejidos, esta vez mas parecidos a suaves gemidos, que acaban devolviéndome un beso, un pico, casi un roce de tus labios con los míos. Aun no has abierto los ojos, pero sé que me encantará que lo hagas, y te alegrarás de verme. Será como oír la nana de Serj Tankian, una bocanada de tranquilidad, complicidad, amor incondicional, como el de un padre, a pesar de todo.