Saber que son tus piernas las que te llevan a casa y no tu propia voluntad...querer controlar tus pasos y que se vuelva torpe tu caminar. Alzar tu vista al frente y no ver mas que oscuridad. Tiembla tu voz al pensar que se te escapa la realidad...refugiarse en la soledad para no tener que pensar.
Arropada por canciones tristes me dirijo a casa en buscar de un lugar en el que descansar, recorro calles de un pasado que una vez me hizo llorar. Deseo con ganas tumbarme en la cama a reposar la mente, y desconectar durante un par de siglos de infinidad.
sábado, 8 de abril de 2017
sábado, 11 de marzo de 2017
L.D.
Es curioso ver como por esta época tus recuerdos vienen a mi y tu imagen se instala en mi cabeza, dando vueltas por mi mente, para quedarse en ella todo el día, para aparecérseme en sueños, para despertar mi conciencia de la realidad en que vivo, en que viví y en que vivimos, para levantar decepciones y arrepentimientos enterrados, pasiones y sueños olvidados, lamentos y risas compartidos, todo a partes iguales.
La nuestra, fue una relación fugaz, nada seria, etérea, efímera e infinita en un mismo instante, ni siquiera sé si podría considerarse una relación, pero no podemos negar que lo nuestro fue algo único e incluso mágico de alguna manera, y que, aún sin nombre que lo defina, es algo que siempre recordaré. Llegamos a tener mucha confianza en poco tiempo, compartimos sueños, esperanzas, ilusiones, decepciones, alegrías, llantos, nuestro pasado, nuestro futuro, nuestros buenos y malos momentos, comida, música, dibujos, porros y muchas ralladas mentales... Quizá lo que mas eche de menos.
Dubstep de fondo, Nirvana en ciertos momentos, Tool, Flyleaf y muchos mas, cerveza, buenos amigos, risas y buenos ratos, un parque en mitad de un pueblo fantasma, aquello fue nuestro escenario perfecto para poder escapar de la realidad, una realidad que nos consumía a ambos, quizá incluso más a ti que a mi.
Tu fuiste quizá quien me conoció mas libre, más escéptica, mas caótica, mas yo y menos encadenada, por ello nunca sé decir si me conociste en mi peor o en mi mejor momento. Tal vez sea que ahora recuerdo las cosas mucho mejor de lo que ocurrieron, pero extraño demasiado ciertas ocasiones en las que sin necesidad de nada mas que una buena conversación, el mundo no existía y solo estábamos tu y yo. Siempre con un cielo azul y a la temperatura perfecta.
Sé reconocer mis errores y sé que para nada lo hice bien, debí haberme tomado las cosas de otra manera, tal vez pensar mucho mas en lo que estaba haciendo, el daño que causaba en los demás con mi egoísmo y mi locura, pero creo que de esa forma nada habría tenido el matiz que tiñe todos esos recuerdos en mi cabeza. Tal vez las cosas habrían sido mas sosas, mas estándar, mas normales, menos memorables, aún asi, eso no me exime de pedir disculpas por todo el daño que haya podido ocasionarte, cosa que creo que nunca dije, pues no creo haber hablado nunca abiertamente de todo esto, para mi eran cosas que me negaba a admitir estando sumida en mi propia mentalidad escéptica.
Aún sigo paseándome en mi mente por aquellos lugares que frecuentábamos, y no creas que no he tenido el impulso mas de una vez de coger y salir corriendo hacia ellos como lugar de refugio. Por aquel entonces yo no creía en el amor ni en la vida, prefería creer en el odio, el caos y la destrucción, incluida la propia, como forma de vivir, si lo quieres ver asi, o mejor dicho, de morir. Pensar que estoy allí, o pasear por ellos, me tranquiliza. Recuerdo aquel odio y sé que ya no manda en mi, no me dirige, y yo no le sigo a ciegas, el caos no reina mi mundo últimamente. Pero no es sólo eso lo que me refugia, es la parte positiva, es la parte tranquila, el reposo, y el sosiego que me aportabas cuando estaba contigo, pareciera que el tiempo flotase, que estuviésemos como en una nube, ambos flotando, sobrevolando una ciudad en ruinas que no nos quería.
La nuestra, fue una relación fugaz, nada seria, etérea, efímera e infinita en un mismo instante, ni siquiera sé si podría considerarse una relación, pero no podemos negar que lo nuestro fue algo único e incluso mágico de alguna manera, y que, aún sin nombre que lo defina, es algo que siempre recordaré. Llegamos a tener mucha confianza en poco tiempo, compartimos sueños, esperanzas, ilusiones, decepciones, alegrías, llantos, nuestro pasado, nuestro futuro, nuestros buenos y malos momentos, comida, música, dibujos, porros y muchas ralladas mentales... Quizá lo que mas eche de menos.
Dubstep de fondo, Nirvana en ciertos momentos, Tool, Flyleaf y muchos mas, cerveza, buenos amigos, risas y buenos ratos, un parque en mitad de un pueblo fantasma, aquello fue nuestro escenario perfecto para poder escapar de la realidad, una realidad que nos consumía a ambos, quizá incluso más a ti que a mi.
Tu fuiste quizá quien me conoció mas libre, más escéptica, mas caótica, mas yo y menos encadenada, por ello nunca sé decir si me conociste en mi peor o en mi mejor momento. Tal vez sea que ahora recuerdo las cosas mucho mejor de lo que ocurrieron, pero extraño demasiado ciertas ocasiones en las que sin necesidad de nada mas que una buena conversación, el mundo no existía y solo estábamos tu y yo. Siempre con un cielo azul y a la temperatura perfecta.
Sé reconocer mis errores y sé que para nada lo hice bien, debí haberme tomado las cosas de otra manera, tal vez pensar mucho mas en lo que estaba haciendo, el daño que causaba en los demás con mi egoísmo y mi locura, pero creo que de esa forma nada habría tenido el matiz que tiñe todos esos recuerdos en mi cabeza. Tal vez las cosas habrían sido mas sosas, mas estándar, mas normales, menos memorables, aún asi, eso no me exime de pedir disculpas por todo el daño que haya podido ocasionarte, cosa que creo que nunca dije, pues no creo haber hablado nunca abiertamente de todo esto, para mi eran cosas que me negaba a admitir estando sumida en mi propia mentalidad escéptica.
Aún sigo paseándome en mi mente por aquellos lugares que frecuentábamos, y no creas que no he tenido el impulso mas de una vez de coger y salir corriendo hacia ellos como lugar de refugio. Por aquel entonces yo no creía en el amor ni en la vida, prefería creer en el odio, el caos y la destrucción, incluida la propia, como forma de vivir, si lo quieres ver asi, o mejor dicho, de morir. Pensar que estoy allí, o pasear por ellos, me tranquiliza. Recuerdo aquel odio y sé que ya no manda en mi, no me dirige, y yo no le sigo a ciegas, el caos no reina mi mundo últimamente. Pero no es sólo eso lo que me refugia, es la parte positiva, es la parte tranquila, el reposo, y el sosiego que me aportabas cuando estaba contigo, pareciera que el tiempo flotase, que estuviésemos como en una nube, ambos flotando, sobrevolando una ciudad en ruinas que no nos quería.
A ti, que nunca te dediqué nada como te merecías.
sábado, 25 de febrero de 2017
Frustración. Ansiedad.
jueves, 26 de enero de 2017
"Nada nunca es para siempre"
Y es que parece que cuando algo roza mi pequeño corazoncito haciendolo sentir vivo, tiene que llegar una horrible tempestad que lo tire todo abajo.
No sabría decir como me siento en este momento, pero tengo claro que no estoy bien. Llevo dias sin encontrarme bien, sintiendo dolores físicos, sin poder deshacerme de este cansancio emocional que arrastro.
Dolor siempre presente en la vida de todos, por todo, dolor siempre.
domingo, 15 de enero de 2017
Un mundo en blanco y negro.
Vivo en un barrio tranquilo y pacífico, a las afueras de la ciudad. Mi apartamento está situado en la tercera planta de un edificio bastante antiguo, lo distingue un adorno de Navidad que cuelga en la puerta desde hace unos años, nunca me he parado a quitarlo, pienso que eso le da encanto. Tengo un trabajo a media jornada en una librería cercana, y visto todos los días con traje y corbata. Suena el despertador a las 8:00 de la mañana, me doy una ducha fría, tomó un café con dos terrones de azúcar, y salgo por la puerta de casa agarrando con prisas las llaves, la cartera y un sombrero. Siempre doy un ligero toque con el pie a la puerta para cerrarla mientras voy saliendo, pero nunca me aseguro de si está bien cerrada, no tengo tiempo para eso. Bajo las escaleras apresuradamente, el ascensor nunca funciona. Llego a la planta baja, recorro el pasillo que conduce a la puerta principal, y salgo a la calle a las 8:45 de la mañana.
Era primavera, y aquel día estaba soleado, el azul del cielo brillaba con mucha fuerza, y el verde de los árboles parecía especialmente intenso y verde. Las calles estaban especialmente limpias y yo de un extraordinario buen humor. Los comercios comenzaban a levantar sus persianas y a preparar sus escaparates. La gente salia de sus casas para ir al trabajo y los más despiertos me devolvían el saludo con un fuerte "¡Buenos días!". El ajetreo comenzaba, y la ciudad empezaba a despertar mientras yo seguía mi camino al trabajo sin detenerme. Nunca aquella calle me había parecido especial, ni había notado nunca nada fuera de lo normal. De repente me fijé en un portal azul.
Tardé en reaccionar y conseguí frenar mis pies unos pasos mas allá. Retrocedí sin poder apartar la mirada de aquel portal. ¿Desde cuando había estado allí? Me paré unos segundos a pensar, miré mi reloj, llegaría tarde al trabajo, pero una fuerza sobrenatural me impedía pasar de largo. No aquel día.
Comprobé que el mecanismo que abría la puerta estaba roto y con un simple empujón, se abrió. Decidí entrar en aquel momento.
Aquel era un edificio más, se podría decir que incluso mejor que mi propio edificio, aunque carecía de ascensor. Tras pasar el portal azul, hallé un largo pasillo, adornado por un gran espejo en la pared derecha, los buzones de los inquilinos se encontraban enfrentados al espejo, en la otra pared. Al fondo distinguí unas escaleras con una barandilla de madera, y escalones antiguos de loza blanca. Volví a fijarme bien. Sólo uno de los buzones mostraba nombre: "Ella. 3º B" . Por el aspecto amarillento del papel, no parecía que alguien hubiese cambiado ese nombre en muchos años.
Anduve el pasillo con paso curioso, oyendo mis pisadas una detrás de otra, y comencé a subir escaleras cada vez mas entusiasmado, cuanto más subía, menos pensaba en bajar. De repente me vi frente a una puerta pintada de gris, entreabierta. Ante ella, encontré un pequeño felpudo rojo en el se leía "Bienvenido, puedes pasar" lo cual en aquel momento, me pareció algo sorprendente. No veía nada más, no se oía nada mas ahora que mis pies se habían parado. Alcé mi mano para alcanzar la puerta e instintivamente la abrí con un leve empujón, no hubo tiempo para pensar en llamar, oí el chirrido de las bisagras, y puse un pie dentro de aquella casa.
Una nueva sensación recorrió mi cuerpo de punta a punta. Sin duda, aquel lugar gris, estaba envuelto en un aura distinta a todo lo demás. Entrecerré la puerta tras de mi y comencé a andar, a mi izquierda había una puerta que daba a una cocina en la que colgaba del techo una simple bombilla, avancé el pasillo y encontré a mi derecha una puerta que daba al baño, al terminar el pasillo encontré un salón muy amplio, en el que había otras dos puertas, también entreabiertas. -Todas las puertas de ésta casa se encuentran entreabiertas - pensé, - qué raro. Me acerqué al balcón que daba a la calle y me paré frente a él para contemplar las vistas. Aquella calle, vista desde esa perspectiva parecía desde luego una calle especial. Al girarme descubrí entonces otra puerta que había pasado por alto, esta vez cerrada. Avancé hacia ella titubeando, puse mi mano en el pomo por primera vez aquel día y lo giré.
Entré en aquella habitación y descubrí tu cuerpo desnudo.
Era primavera, y aquel día estaba soleado, el azul del cielo brillaba con mucha fuerza, y el verde de los árboles parecía especialmente intenso y verde. Las calles estaban especialmente limpias y yo de un extraordinario buen humor. Los comercios comenzaban a levantar sus persianas y a preparar sus escaparates. La gente salia de sus casas para ir al trabajo y los más despiertos me devolvían el saludo con un fuerte "¡Buenos días!". El ajetreo comenzaba, y la ciudad empezaba a despertar mientras yo seguía mi camino al trabajo sin detenerme. Nunca aquella calle me había parecido especial, ni había notado nunca nada fuera de lo normal. De repente me fijé en un portal azul.
Tardé en reaccionar y conseguí frenar mis pies unos pasos mas allá. Retrocedí sin poder apartar la mirada de aquel portal. ¿Desde cuando había estado allí? Me paré unos segundos a pensar, miré mi reloj, llegaría tarde al trabajo, pero una fuerza sobrenatural me impedía pasar de largo. No aquel día.
Comprobé que el mecanismo que abría la puerta estaba roto y con un simple empujón, se abrió. Decidí entrar en aquel momento.
Aquel era un edificio más, se podría decir que incluso mejor que mi propio edificio, aunque carecía de ascensor. Tras pasar el portal azul, hallé un largo pasillo, adornado por un gran espejo en la pared derecha, los buzones de los inquilinos se encontraban enfrentados al espejo, en la otra pared. Al fondo distinguí unas escaleras con una barandilla de madera, y escalones antiguos de loza blanca. Volví a fijarme bien. Sólo uno de los buzones mostraba nombre: "Ella. 3º B" . Por el aspecto amarillento del papel, no parecía que alguien hubiese cambiado ese nombre en muchos años.
Anduve el pasillo con paso curioso, oyendo mis pisadas una detrás de otra, y comencé a subir escaleras cada vez mas entusiasmado, cuanto más subía, menos pensaba en bajar. De repente me vi frente a una puerta pintada de gris, entreabierta. Ante ella, encontré un pequeño felpudo rojo en el se leía "Bienvenido, puedes pasar" lo cual en aquel momento, me pareció algo sorprendente. No veía nada más, no se oía nada mas ahora que mis pies se habían parado. Alcé mi mano para alcanzar la puerta e instintivamente la abrí con un leve empujón, no hubo tiempo para pensar en llamar, oí el chirrido de las bisagras, y puse un pie dentro de aquella casa.
Una nueva sensación recorrió mi cuerpo de punta a punta. Sin duda, aquel lugar gris, estaba envuelto en un aura distinta a todo lo demás. Entrecerré la puerta tras de mi y comencé a andar, a mi izquierda había una puerta que daba a una cocina en la que colgaba del techo una simple bombilla, avancé el pasillo y encontré a mi derecha una puerta que daba al baño, al terminar el pasillo encontré un salón muy amplio, en el que había otras dos puertas, también entreabiertas. -Todas las puertas de ésta casa se encuentran entreabiertas - pensé, - qué raro. Me acerqué al balcón que daba a la calle y me paré frente a él para contemplar las vistas. Aquella calle, vista desde esa perspectiva parecía desde luego una calle especial. Al girarme descubrí entonces otra puerta que había pasado por alto, esta vez cerrada. Avancé hacia ella titubeando, puse mi mano en el pomo por primera vez aquel día y lo giré.
Entré en aquella habitación y descubrí tu cuerpo desnudo.
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