Saber que quieres expresarte y no poder, no saber como hacerlo, es una de las mayores torturas de mi vida, sin tener en cuenta, claro, las que fueron causadas por agentes externos a mi...
Siento sobre mis hombros un peso. Inevitable. Inamovible. Insufrible. Un peso que hace que todo a mi alrededor se vuelva mucho mas difícil de lo que ya es.
Sentir que tienes en tu interior un universo que no puede expandirse al mundo real a causa de la armadura de carne y hueso que lo aprisiona. Un montón de pensamientos, conexiones, prejuicios y sentimientos que le impiden dar el paso, darse a conocer. Odio, que le obliga a pensar que el resto de seres mortales no son merecedores de tal maravilloso regalo que les entrega y que no sabrán como cuidar, admirar, o simplemente cómo disfrutar de él.
Sentir que estás rodeada de estupideces insignificantes, que no tienen un propósito, que nada tiene motivo de ser o de estar, es quizá la consecuencia mas visceral del trágico hecho de sentirse encerrada entre cuatro paredes y dos ventanas. Sobrevives, te camuflas, lo escondes, pero tarde o temprano la sangre corre, y gotea, y mancha a todos a tu alrededor, aunque giréis la mirada hacia otro lado. La humedad, la textura, el hedor de la sangre que nos recorre, sigue estando en todos nosotros. Necios ignorantes que negamos reconocer su presencia.
El aroma a muerte, destrucción, caos, escombros y cosas rotas, se impregna a la ropa, los muebles, las cortinas, las ventanas, la cara y el pelo. Todos los seres humanos lo llevamos con nosotros mismos allá donde vayamos, sin importar cuándo, cómo, dónde o quién. Nuestro destino, como el de todo el mundo es perecer, tarde o temprano. Lo terrenal tan solo es temporal... mero entretenimiento que nos distrae de lo que verdaderamente ocurre, de lo verdaderamente importante: nosotros mismos.
Aliméntame como alimenta el fuego al caos. Destruyendo. Consumiendo. Arrasando. Dando la oportunidad a otros de comenzar de nuevo, de florecer con más fuerza aún, más grandes, más llenos de vida y de un nuevo amor verdadero. La nueva fertilidad en sus venas y con ello la capacidad para poder construir en el futuro un mundo mejor.