Del pozo, tenía la certeza de que no podría salir nunca, de que no alcanzaría la superficie aunque lo intentara. No había escapatoria. Saltara, gritase, o me agarrase a las paredes, resbalaba.
Ahora en cambio, aunque pareciera mas fácil caminar hacia adelante, mi cuerpo inundado de miedo se paraliza. El terror al movimiento me atrapa impidiéndome despegar un pie del suelo. Y ahí me quedo, observando.
Incapaz de llegar al otro lado.