Un momento de calma en mitad del caos. Una brisa de aire fresco en mitad de la calor. Un ardor en la garganta digno del mejor sabor. Mil millones de emociones por cada vello corporal erizado. Un manantial de placer por cada respiración entrecortada. Cien motivos para correr y ni una sola gota de fuerza para mover estas cansadas extremidades. Diez mil puertas abiertas ante unos ojos cansados. Trescientas lágrimas agolpándose en cada una de las pestañas. Cinco rencores por cada diente apretado. Doscientos besos por cada pliegue de estos labios.
Llegó y se marchó. Pasó por mi, y ni lo noté. ¿Qué pasó conmigo este año? Parece que el mundo se fue, me dejó sola y me abandonó, haciéndome sentir mal, extraña, y a la par normal. A decir verdad le extraño. Evadirse a un lugar distinto, irreal, inexistente, que pueda moldear a mi antojo, como si de arcilla se tratase. Una chica, sentada sola en un banco, de algún parque. Su larga cabellera negra, mecida por el viento, contrasta con el impoluto vestido blanco. Destaca en ella el azul intenso de sus ojos, y la dulzura e inocencia que se intuye de sus pies descalzos, que se mueven de delante a atrás sin tocar el suelo. Es primavera. Los árboles radiantes, dan sombra sobre el césped más verde que puedas imaginar. El silencio de un lugar vacío, lo inunda todo. De vez en cuando, algún pajarito inquieto canta, guiando a los mas pequeños, que prueban hoy, su primera salida del nido. El sol calienta lo justo, haciendo de aquel lugar, el más apetecible de todos los lugares posibles en éste o cualquier universo existente. No sabemos qué pasa por su mente, no sabemos que hace allí, pero lleva horas sin cambiar la expresión de su cara. ¿Quién ha abandonado a quién? Y llegará el invierno de nuevo, y se congelará mi corazón de nuevo. No habrá cambiado nada, no habré cambiado yo. Qué ilusa si pienso que puedo... Qué ilusa si pienso que no.