sábado, 14 de marzo de 2015

Ellos dos, de nuevo.

Y una noche cálida de invierno llamaste a mi puerta, y yo no respondí. Estaba demasiado colocada como para salir siquiera de la cama e ir en tu búsqueda, por mas que lo deseara. Las horas pasaron, lentamente, como si el tiempo se extendiera hacia el infinito. Tu llamabas y llamabas y yo gritaba en sueños, una y otra vez, pero por mas que lo hacía nadie contestaba, y gritaba mas alto, y mas fuerte, y las pesadillas se hacían mucho mas reales.

Llegó un momento en que te cansaste de llamar, y yo me cansé de gritar, y me maldije por estar tan colocada que no era capaz de ver que en verdad te importaba.

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