Cada dia me siento un pelin mas rota por dentro y me preocupa que pueda llegar el dia en el que todo estalle en miles de pedacitos de cristal que salgan disparados desde mis entrañas y que acaben todos clavados por mi cuerpo haciendo que me desangre poco a poco sufriendo cada segundo de la existencia y que para ese entonces decida dejarlo todo atrás y acabar con el dolor para siempre.
Hay voces en mi cabeza que me hablan, o con las que a veces hablo. No son personas distintas, son todas yo. Suenan todas con la misma voz, pero con voces propias. Las oigo respirar en ocasiones, pues convivimos juntas dentro de un mismo cuerpo, y son producidas en realidad por mi queridisimo cerebro humano. A algunas, las siento incluso dando patadas, tratando de llamar mi atencion desesperadamente. Algunas arañan mi piel y martillean mis ojos, susurran en mi oido que mis manos no son reales o simplemente que el dolor que siente mi piel no me pertenece. Sé que hay alguna voz muy pequeñita que me busca pero no la encuentro. Me grita, me llama y llora sola en la esquina del salón al que llegó tras perderse dentro del laberinto humano que nos compone, y del que no supo como regresar. No sé quien es ni que quiere de mi o que va a hacer conmigo, pero siento que deberia oirla y escuchar atentamente lo que tenga que decir y conocer su opinión sobre todo este asunto.
Las noches se hacen largas pero ni para descansar me alcanzan.
No sé quién soy, ni la vida de quién estoy viviendo, pero de verdad, que paren el mundo, que yo me bajo.