viernes, 4 de diciembre de 2015

TF.

Llega un momento en que desconectas, no das más de ti. No importa donde estés ni cuándo, tu cerebro se cansa del mundo exterior. Estamos saturados de estímulos. La mayoría de ellos inútiles, no nos interesan. Pasamos de ellos, los ignoramos como si fuesen hormigas insignificantes a nuestro paso.

Lo gracioso del asunto es que para nada esas hormigas están puestas por azar. Cada una de ellas es especial a su manera. Y no sabemos verlo. Pensamos que sólo ciertas cosas tienen sentido, y son importantes. Pensamos que el resto es solo relleno, pero estamos muy equivocados. ¿Acaso es solo importante la voz o la guitarra de una canción? Para nada.

Es curioso que nos pasemos la mayor parte de nuestra vida quejándonos de lo aburridos que estamos, de que no tenemos nada que hacer, de que nada nos apasiona, de que nada nos entusiasma... pero realmente sólo tenemos que pararnos a observar. Lo mas pequeño. Todas y cada una de esas pequeñas hormiguitas que pasan por nuestro camino. Tal vez encontremos en alguna de ellas algún desperfecto que nos llame la atención.

El fluir de la tinta de un bolígrafo, o de una pluma. El vibrar de una cuerda o tal vez te guste la costura y el pasar del hilo con la aguja por la tela creando bonitos bordados. Cualquier hormiguita puede hacerte sentir especial. Cualquier hormiguita es válida, ¡incluso la que esté coja! Quién sabe, tal vez aquella sea la tuya, esa a la que nadie querría, pero estamos siempre demasiado ocupados criticando, como para prestar un poquito de atención.

Siempre echamos la vista a un lado, nos quejamos y nos negamos a ver lo que tenemos que ver. No sentimos, ni nos centramos en sentir lo que tenemos que sentir. Estamos demasiado obsesionados con destruir. Estamos obsesionados con tirar todo por tierra. Desaparecer. Es por eso que estamos cansados, y desconectamos. Porque nos cansamos de odiar. Porque a veces necesitamos ese respiro de aire fresco que se supone que debemos proporcionarnos nosotros mismos.

Fear.

Tengo miedo, por eso este blog no tiene sentido, por eso las paredes se derrumban y el cielo se cae. Por eso las nubes no se sostienen. Por eso la habitación blanca quedó calcinada por las llamas y ahora es toda negra. Porque tengo miedo.

Miedo de ser yo misma. No es que no haya tenido miedo antes, claro que he tenido miedo, muchísimo miedo, y muchísimas mas veces que ahora. No hay diferencia, porque no hay cambio perceptible, pero aún así, lo noto distinto. La motivación, las ganas, el ímpetu, desaparecen. La tranquilidad no viene a mi entre las letras. El caos de mi mente no es capaz de salir, porque vuelve a estar encerrado en la habitación mas escondida del sótano más profundo. Y ahora no sé como volver a bajar.


No soy capaz de serenarme. No puedo escucharme. Las voces de mi cabeza no hablan, y pienso que todas me han dejado sola. Todas ellas. ¿Dónde están? No hay nadie en las habitaciones, la gran mesa de reuniones vacía, los pasillos desiertos... Tan solo intranquilidad camuflada de silencio y fría calma.


No quiero pensar. No. Más bien, no puedo pensar. Mi mente es como un continuo laberinto en construcción y yo soy quien va recorriendolo a la vez que lo construye. Antes no era asi. Mi mente siempre ha tomado muchas formas. Ahora, esto.




martes, 3 de noviembre de 2015

Agosto.

Tengo sequía. Sequía mental. Falta de fluidez. Escasez de palabras. Mi mente es un embalse y alguien ha construido una presa. El agua no fluye, se queda estancada y la suciedad se amontona en su superficie.

Huele a putrefacción.

No puedo escribir porque no sé que decir. Porque no sé que pensar. Porque me gustaría poder tener un orden, un sentido, una estructura, pero no la hay. Porque solo existen unos hilos invisibles que a veces me levantan pero que se rompen fácilmente.

Si tuviese que decir algo, diría lo de siempre: tengo miedo, pero es que me resulto tan aburrida, tan repetitiva, que me asqueo. Todo se repite. Soy tan poco original....

No sé a que juego. Ni con quién. Sé que soy un peligro, pero no sé por qué.

martes, 13 de octubre de 2015

Máquina.

Es posible que sea para nada, que ya no sirva, que todo sea demasiado descarado, que salte demasiado a la vista, que llame mucho la atención, que pueda ser visto por quien no debe.

Maestra experta en la ambivalencia de las letras que ha olvidado la lección, que todo puede ser malinterpretado. Experta jugadoras de palabras. Gran esquiva entre definiciones de diccionario, alguna de las cuales inventadas y adaptadas a todas y cada una de las situaciones que ella misma va creando, a base de patrones que se repiten, como creando laberintos en los cuales sólo ella sabe cual es la salida. Las palabras. 

El gélido frío avanzando por sus dedos, por las puntas de su pelo, alcanzando sus piernas, sus brazos, su cabeza, cabalgando veloz hacia el centro de toda máquina, congelando todo mecanismo y engranaje a su paso, deseoso de llegar al corazón para encontrarse una linda sorpresa. Allí no tiene nada que hacer. Ha llegado tarde. 

Ni el sol del atardecer es capaz de calmar los ánimos. Ni la brisa marina de acallar el llanto. 



lunes, 7 de septiembre de 2015

Nada

Buenos días, es más tarde de lo que esperaba, de lo que me gustaría, pero aún puedo decir buenos días si consideramos la expresión como un gesto de educación hacia el resto de personas. Si por mi fuese, y a mi misma fuesen dirigidas mis palabras, serían algo más parecido a "Ya te has levantado, puta mierda, no te queda otra, pero al menos el día está bonito."

Siendo sincera, creo que no me he asomado siquiera a la ventana para ver que tal hace, pero en mi mente hoy es un día gris y nublado. Hay nubes enormes encapotando el cielo, a punto de soltar diminutas gotas a la tierra. Hace fresco, corre un poco de brisa, los árboles están mudando sus hojas y el suelo está lleno de ellas. Es el típico día de otoño de las películas en el que la gente pasea con abrigos y bufandas. Es uno de esos días perfectos para ponerse de setas. Vuelvo a repetir: en mi mente, no sé que está pasando fuera. 

Hoy es 7 de Septiembre, 2015. No voy a acostumbrarme nunca. El paso del tiempo y yo no nos llevamos bien. No sé cuanto hace que no escribo, y lo odio, me odio por ello. Lo hecho de menos, necesito ese lugar, necesito que me nutra, necesito esas paredes blancas, el humo, la música, el sol entrando por la ventana, necesito las lágrimas, el dolor y la rabia, Necesito sentirme viva.