martes, 13 de octubre de 2015

Máquina.

Es posible que sea para nada, que ya no sirva, que todo sea demasiado descarado, que salte demasiado a la vista, que llame mucho la atención, que pueda ser visto por quien no debe.

Maestra experta en la ambivalencia de las letras que ha olvidado la lección, que todo puede ser malinterpretado. Experta jugadoras de palabras. Gran esquiva entre definiciones de diccionario, alguna de las cuales inventadas y adaptadas a todas y cada una de las situaciones que ella misma va creando, a base de patrones que se repiten, como creando laberintos en los cuales sólo ella sabe cual es la salida. Las palabras. 

El gélido frío avanzando por sus dedos, por las puntas de su pelo, alcanzando sus piernas, sus brazos, su cabeza, cabalgando veloz hacia el centro de toda máquina, congelando todo mecanismo y engranaje a su paso, deseoso de llegar al corazón para encontrarse una linda sorpresa. Allí no tiene nada que hacer. Ha llegado tarde. 

Ni el sol del atardecer es capaz de calmar los ánimos. Ni la brisa marina de acallar el llanto. 



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