La historia está en mi cabeza, está implícita en la foto, pero no está en las palabras.
No, no está en las letras, ni en los puntos, ni en los espacios.
Está en sus ojos, vacíos y rotos. Está en su espalda, desnuda. Está en su boca, cerrada.
Está en el aire flotando, calando a quien se atreve a contemplarla, llegando hasta los huesos de quienes no intentan comprenderla pero lo hacen.
Algo ha debido pasar, algo que duele y decepciona, algo que entristece y desilusiona, algo que es capaz de dejarla sin palabras, pero no sin gestos.
Es inútil que yo intente contároslo, tendréis que averiguarlo vosotros mismos. Ella os lo contará si sois capaces de aguantarle la mirada.
¿Qué haces aún aquí que no te has marchado ya?

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