domingo, 27 de marzo de 2016

Micro-historia.

Hacía días que te esperaba. Vagaba por la habitación sin rumbo, pero nunca apareciste.

Cuando llegaste llamaste cuatro veces, como acordamos.

No estaba segura de abrirte, pero mentiría si dijese que no estaba deseando verte.

Me hice de rogar y esperaste, paciente, hasta que me digné a abrir la puerta.

No dije nada ni saludé, pero dejé que entraras y me tumbé en la cama.

Te sentaste en la silla y me miraste mientras encendías un cigarrillo.

Cuando el humo hubo llenado el silencio, viniste a mi, me abrazaste y todo el mundo se paró.


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