martes, 29 de diciembre de 2015

Distorsionada percepción.

Mirada perdida, aspecto cansado, ojos negros profundamente vacíos. La misma sensación de antaño. Dolor interno. Sonrisa externa. Satisfacción.

Los cambios se avecinan, la tormenta espera deseosa su oportunidad. Truenos, rayos y centellas se reúnen en un gran salón oscuro. La lluvia cae despacio. Ameniza mis pensamientos. Imagino una pequeña chimenea que arde tímidamente. Te pienso. Te extraño. Te echo de menos. ¿Dónde estás? 

Vuelve.

¿Es esto felicidad? ¿Qué clase de conjuro es éste? Miles de preguntas a las puertas de mi mente cerrada a mi misma. 

Odio cuando miento, porque sé que miento. Y odio más que eso, descubrir la mentira a la mitad. 

Todo es difuso, cambiante, volátil. Incorpóreo. Hermosa palabra que siempre he amado en secreto. Kai. Mi Kai. Todo es como un sueño, que no puedo recordar con exactitud, pero que aún puedo sentir. Sé que vive dentro de mi. No sé cuando se despertará la bestia. Ojalá sea dura. Muy dura y dolorosa. 

No entres, te consumirás. Deberías estar lejos de aquí. Por allí, donde no pueda tocarte, donde solo pueda verte. Deberías correr lo más lejos que puedas. La lluvia empieza a enfurecerse, no quieras estás aquí entonces. 

Estoy asustada. No te marches, mejor no me dejes sola. Haz que pare.

 Lo hiciste. 

¿o lo hice?

Quien sabe. Abrázame fuerte, no me sueltes. Hazme daño. Quítame la respiración y el sentido de la razón. Arrasa con todo. No dejes nada. Vacíame. Anula cualquier rastro de mi. Protégela. Protégeme.
No dejes que se haga daño. Ocúltala. Ocúltame. 

Espero que llegues bien. Espero no enterarme de nada. Que todo sea lento. Suave. Una caricia. Que pase sin más. Como aquella vez. No me hagas daño por favor. Destrúyeme

Parece que ya siento el peso del humo sobre mis hombros. Parece que mi cuerpo ya lo sabe. Se prepara. No aguanta tu ausencia. Tampoco tu presencia. Eres mi mal mas deseado. La idiotez mas grande cometida. El pecado. La delicia. 

Aquel lugar. El blanco puro manchado. El blanco roto inocente. La liberta encerrada en cuatro paredes. La ventana a la realidad cerrada. Allí pertenezco. Allí debo volver. Allí pereceré. Y no una vez, sino varias. Tantas como mi cuerpo sea capaz de soportar. Tantas como mi mente sea capaz de imaginar.

Dolor. Placer. Entre ellos una delgada linea que los une. Que los separa. ¿En qué difieren? 


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