domingo, 15 de enero de 2017

Un mundo en blanco y negro.

Vivo en un barrio tranquilo y pacífico, a las afueras de la ciudad. Mi apartamento está situado en la tercera planta de un edificio bastante antiguo, lo distingue un adorno de Navidad que cuelga en la puerta desde hace unos años, nunca me he parado a quitarlo, pienso que eso le da encanto. Tengo un trabajo a media jornada en una librería cercana, y visto todos los días con traje y corbata. Suena el despertador a las 8:00 de la mañana, me doy una ducha fría, tomó un café con dos terrones de azúcar, y salgo por la puerta de casa agarrando con prisas las llaves, la cartera y un sombrero. Siempre doy un ligero toque con el pie a la puerta para cerrarla mientras voy saliendo, pero nunca me aseguro de si está bien cerrada, no tengo tiempo para eso. Bajo las escaleras apresuradamente, el ascensor nunca funciona. Llego a la planta baja, recorro el pasillo que conduce a la puerta principal, y salgo a la calle a las 8:45 de la mañana.

Era primavera, y aquel día estaba soleado, el azul del cielo brillaba con mucha fuerza, y el verde de los árboles parecía especialmente intenso y verde. Las calles estaban especialmente limpias y yo de un extraordinario buen humor. Los comercios comenzaban a levantar sus persianas y a preparar sus escaparates. La gente salia de sus casas para ir al trabajo y los más despiertos me devolvían el saludo con un fuerte "¡Buenos días!". El ajetreo comenzaba, y la ciudad empezaba a despertar mientras yo seguía mi camino al trabajo sin detenerme. Nunca aquella calle me había parecido especial, ni había notado nunca nada fuera de lo normal. De repente me fijé en un portal azul. 

Tardé en reaccionar y conseguí frenar mis pies unos pasos mas allá. Retrocedí sin poder apartar la mirada de aquel portal. ¿Desde cuando había estado allí? Me paré unos segundos a pensar, miré mi reloj, llegaría tarde al trabajo, pero una fuerza sobrenatural me impedía pasar de largo. No aquel día.
Comprobé que el mecanismo que abría la puerta estaba roto y con un simple empujón, se abrió. Decidí entrar en aquel momento. 

Aquel era un edificio más, se podría decir que incluso mejor que mi propio edificio, aunque carecía de ascensor. Tras pasar el portal azul, hallé un largo pasillo, adornado por un gran espejo en la pared derecha, los buzones de los inquilinos se encontraban enfrentados al espejo, en la otra pared. Al fondo distinguí unas escaleras con una barandilla de madera, y escalones antiguos de loza blanca. Volví a fijarme bien. Sólo uno de los buzones mostraba nombre: "Ella. 3º B" . Por el aspecto amarillento del papel, no parecía que alguien hubiese cambiado ese nombre en muchos años.

Anduve el pasillo con paso curioso, oyendo mis pisadas una detrás de otra, y comencé a subir escaleras cada vez mas entusiasmado, cuanto más subía, menos pensaba en bajar. De repente me vi frente a una puerta pintada de gris, entreabierta. Ante ella, encontré un pequeño felpudo rojo en el se leía "Bienvenido, puedes pasar" lo cual en aquel momento, me pareció algo sorprendente. No veía nada más, no se oía nada mas ahora que mis pies se habían parado. Alcé mi mano para alcanzar la puerta e instintivamente la abrí con un leve empujón, no hubo tiempo para pensar en llamar, oí el chirrido de las bisagras, y puse un pie dentro de aquella casa. 

Una nueva sensación recorrió mi cuerpo de punta a punta. Sin duda, aquel lugar gris, estaba envuelto en un aura distinta a todo lo demás. Entrecerré la puerta tras de mi y comencé a andar, a mi izquierda había una puerta que daba a una cocina en la que colgaba del techo una simple bombilla, avancé el pasillo y encontré a mi derecha una puerta que daba al baño, al terminar el pasillo encontré un salón muy amplio, en el que había otras dos puertas, también entreabiertas. -Todas las puertas de ésta casa se encuentran entreabiertas - pensé, - qué raro. Me acerqué al balcón que daba a la calle y  me paré frente a él para contemplar las vistas. Aquella calle, vista desde esa perspectiva parecía desde luego una calle especial.  Al girarme descubrí entonces otra puerta que había pasado por alto, esta vez cerrada. Avancé hacia ella titubeando, puse mi mano en el pomo por primera vez aquel día y lo giré. 


Entré en aquella habitación y descubrí tu cuerpo desnudo. 



No hay comentarios:

Publicar un comentario