El caos y la paranoia vuelven a ser perceptibles para mi en su expresión mas leve. El resquemor y las cosquillas de lo que fueron se sienten en mi pecho y en mi cabeza, en mis ojos y en mis oidos, en mis mejillas y en mi garganta. Éste hecho me hace pensar, que tal vez nunca se fueron del todo, que se camuflaron como camaleones bajo mi ser.
Las marcas en mi piel tan solo son sombras, de todo lo que fue y dejó de ser. Ellas son solo el sintoma menos grave de todos los hallados y los que aún hay que no han logrado hallar.
El sueño y el cansancio me buscan, me encuentran y yo no se si dejar de correr o seguir, si pararme en seco o correr en dirección contraria. Ya no sé qué esta bien o qué esta mal. Ya no me paro ni a pensarlo.
He vuelto al modo automático.
Sin embargo, me niego a pensar que no queda una parte de mi que aún controla este cuerpo a duras penas, perdiendo el control de vez en cuando.
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