lunes, 21 de marzo de 2016

1.

Era un día como otro cualquiera: la cama estaba deshecha, el desorden reinaba en el cuarto, la puerta de la habitación y el cristal de la ventana estaban cerrados, su corazón estaba cerrado.

El humo se concentraba en la estancia, haciendo que resultase difícil ver, y respirar. El sol que entraba por la ventana calentaba la habitación creando un ambiente bastante agradable. Todo lo agradable que pudiese ser tratándose de aquel extraño lugar.

Ella estaba sentada sobre la cama, inclinada hacia delante, inmersa en sus pensamientos, observando sus pies descalzos. Resultaba extraño, pero esa vez no estaba desnuda, vestía una camiseta blanca.



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