No esperaba esa pregunta, no esperaba mi respuesta, y mucho menos mi reacción, tu reacción. Me hiciste feliz por un instante, pero tan rápido como lo hiciste, sacaste tu aguijón y destruiste la burbuja de cristal frágil que había surgido a mi alrededor.
Fue encantador ese momento en que preguntaste y pensé que lo hacías inocentemente.

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