Paralizada al borde del llanto pienso en tu nombre. Acorralada en mitad de mi cuarto me falta el aire. Prisionera de mi propia mente empiezo a marearme y creo encontrarte. Sumida en mis demonios quiero olvidarte. Sorda de un oído, imagino escucharte.
Duele leerte, mas, no puedo quejarme pues fui yo quien inspiró esas letras. Duele recordarte, pero fui yo quien decidió marcharse. Duele leerme, mas, no puedo evitar soñarte.
No paro de pensarte, y de odiarme.
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