martes, 1 de abril de 2014

Hot Chocolate


Tenía 22 años e iba muy colocada. Acababa de salir de un concierto en el que miles de tíos habían intentado meter la mano por debajo de mi falda y otros tantos habían estado intentando tocarme las tetas. A mi realmente no me importaba, estaba tan drogada que ni siquiera los sentía. Poco me importaba como me trataban los demás. Cada sábado iba allí, me drogaba y me abandonaba a aquellos tíos que parecían disfrutar y reírse de mi.


Me senté en el la escalera de entrada al local, me coloqué las medias y cerré los ojos. La cabeza me daba vueltas, y la música taponaba mis oídos. Lentamente volví a abrir los ojos y miré a mi alrededor. Esa sensación de calor y cosquilleo estaba invadiendo mi cuerpo otra vez, como cada sábado. Necesitaba encontrar una victima dispuesta a venir conmigo.


Sentados cerca de mi, había dos chicos fumando que me miraban continuamente, y cotilleaban entre sí. Eran guapos, me gustaban, rondaban mi edad y creo haberlos visto por aquí mas de una vez.Siempre iban juntos, tanto, que parecían hermanos, y eso me daba mucho morbo.


Me acerqué a ellos con la excusa de pedir fuego. Me saqué un cigarro del escote y me lo puse en los labios sin dejar de mirarles a los ojos. Ellos, me miraban de arriba a abajo y me desnudaban con la mirada. Yo lo sabía y eso me gustaba. Me senté a su lado, e inhalé profundamente. El humo acarició mis pulmones y mi piel se erizó mientras cerraba los ojos. Uno de ellos me agarró por la cintura y comenzó a hablar de algo, no se muy bien qué. Sinceramente, no me apetecía escucharle. Seguí fumando mientras su mano se deslizaba por mi espalda y por mis costillas. El otro chico, de pelo mas largo se levanto y se sentó a mi derecha. Me puso la mano en la pierna y me preguntó mi nombre. Yo, intentando jugar, aparté su mano, me moví un poco, inhalé de nuevo, y mientras salia el humo contesté: Laura. Sonreí y me acerqué a su cuello, empecé a besarle y le agarré del pelo. Él me cogió el muslo mientras por detrás, su amigo me acariciaba la espalda.


Levanté la vista un momento y descubrí que un chico me miraba. Estaba alejado, y oculto entre las sombras, apoyado en la pared, encendiéndose un cigarro. Podía distinguirle y sabía perfectamente que no me quitaba ojo de encima.


Era guapo, delgado, alto, rubio e imagino que no tendría mas de 23 años. Tenía cara de niño y unos ojos azules que brillaban intensamente en la oscuridad, a la luz del mechero. Una especie de sonrisa mezclada con celos se posaba en su boca. No paraba de mirarme, y eso me excitaba.


Volví la cabeza y susurré cerca del oído del chico de mi izquierda: ¿cuál es tu nombre? A lo que me contestó: Marco. Acto seguido y casi sin dejar que terminase de pronunciarlo, me acerqué a su boca y le besé. El tacto de sus labios era áspero y seco y sabía a tabaco. Su lengua era suave y sabía recorrer cada hueco de mi boca. Con la mano empecé a acariciarle el pelo. Era seco, rizado y lo suficientemente largo para poder agarrarme a él.


Mientras tanto, el otro chico se acercó a mi oído, y me susurró: encantado de conocerte Laura, ya conoces a mi hermano Marco, y yo soy Rubén. Comenzó a deslizar sus manos por mi muslo y por mi espalda, mientras yo recorría la boca y el cuello de Marco, que empezaba a acercarse a mi pecho. Me sentía deseada, muy deseada y ese cosquilleo en el estómago iba en aumento. Mi piel se erizaba con cada gesto, con cada beso y cada caricia, ambos eran diferentes y se complementaban a la perfección. Los labios de Rubén eran suaves y juguetones y su pelo largo era increíble, aunque no estaba bien peinado, no importaba. 


Allí acorralada me sentía bien, disfrutaba, podría dar rienda suelta a ese deseo que me consumía por dentro. No me importaba que me utilizasen, me gustaba, no era mas que una simple puta que buscaba divertirse un rato, no había nada de malo, mis bragas estaban húmedas y yo sólo quería mas y mas, pero había algo que no dejaba de darme vueltas en la cabeza. Aquel chico. Ese chico rubio, ¿Por qué me miraba? ¿Le gustaba? ¿Estaría disfrutando él también?


Volví la vista hacia el lugar, y lo encontré igual, apurando su cigarro y sin dejarme de mirar. Yo me sentí mas excitada aún y comencé a jugar con los dos hermanos, pero sin apartar la vista de él. Me pareció divertido a la par que morboso. Era la primera vez que lo hacía, pero me gustaba. De pronto, la expresión de su cara cambió y lentamente tiró la colilla al suelo y dio media vuelta para marcharse. Por un momento me desilusioné, pensé que también lo estaba disfrutando, pero visto lo visto parecía que solo se estaba riendo de mi. Durante un rato intenté apartar su imagen de mi mente, pero se había grabado a fuego. Pronto no pude dejar de pensar en él. ¿Por qué se había ido? Tenía que averiguarlo. Sabía que aunque había estado intentando engañarme a mi misma, había visto un atisbo de tristeza en su mirada cuando se marchaba y eso me preocupaba.


Decidí acabar con el juego, me levanté de golpe, y salí a correr tras el chico misterioso dejando allí a Marco y Rubén, que empezaron a gritarme de todo. Al parecer, no les había sentado muy bien, que después del numerito les dejase allí tirados, empalmados. Corrí todo lo que pude y doblé la esquina del edificio para ir a la parte trasera. Cuando llegué lo encontré allí, con dos cigarros en la mano, mirando en mi dirección. Debió encontrar divertida mi cara de velocidad y de sorpresa, por que soltó una carcajada en cuanto me vio.


- Parece que no has tardado mucho en venir, no me equivocaba, estaba seguro de que vendrías. ¿No vas a coger el cigarro? (dijo mientras me tendía uno de los cigarros)


+ Claro, gracias. Pero... ¿por qué me estabas esperando aquí? (cogí también el mechero y encendí mi cigarro)


- Por que sabría que vendrías.


+... (no supe muy bien que decir, me resultaba absurdo, ¿acaso estaba intentando burlarse de mi?)


-Venga tonta, no pongas esa cara. Llámalo corazonada, ¿vale? Llevo observándote desde que vienes por aquí. Cada sábado, te colocas y dejas que todos esos tíos te mangoneen. ¿No te duele? ¿No ves que así solo conseguirás que todos te vean como un objeto de usar y tirar?


+¿Y a ti que te importa? No me conoces, ni siquiera sabes mi nombre. Sólo paso un buen rato con esos tipos y nada más. Ellos son solo victimas de mis deseos, y juego con ellos a mi antojo. Sé como manejar a un hombre. 


-¿De verdad piensas eso? ¿No ves que los que te manejan son ellos? ¿Por qué sino has venido corriendo hasta aquí? A mi no has podido manejarme, ¿verdad? Saber manejar una polla no te convierte en una experta en hombres, Laura. 


+¡¿Cómo sabes mi nombre?! ¿Quien eres tu para hablarme así? ¡He venido por que... por que no me gustaban esos tíos, nada mas! No tiene nada que ver contigo...


-Todo el mundo aquí sabe tu nombre. Ya saben quien eres. Y si no estás aquí por mi, entonces me marcho.


+¡No! No te vayas... Quiero saber tu nombre


-Dani, me llamo Dani. (dijo mientras daba media vuelta para marcharse)


En ese momento le agarré del brazo y le detuve. No quería que se fuese, realmente no quería, tenia algo, no sé que, que me incitaba a estar con el, a querer conocerlo, me generaba muchísima curiosidad. Sentía algo distinto a lo que solía sentir por los demás.


-Así que, ¿no tenía nada que ver conmigo no? Ya veo... (dijo mientras soltaba una sonrisa picarona)


La cara se me puso roja y por un momento me sentí muy tonta, demasiado. El cuerpo se me encogió y agaché la cabeza, sitiendome muy rara. Me abracé a mi misma, intentando protegerme del frío que de repente había entrado en mi cuerpo. Dani me miró, se rió y me ofreció su mano. Acerqué la mía no muy decidida y la posé sobre la palma de su mano. El se encargó de agarrarla con fuerza, haciéndome sentir segura.


Me guió por la parte trasera del edificio, y salimos a un callejón que conducía a la calle principal donde se suponía que estaba aparcado su coche. Me abrió la puerta y me ofreció una manta que guardaba detrás para que pudiese taparme un poco y no pasar tanto frío. Se sentó en el lugar del conductor y después de asegurarse cuatro veces de que estaba bien y de que me gustaba la cadena de música que sonaba, me llevó hasta su apartamento, donde me preparó una taza de chocolate caliente.


Era un lugar pequeño pero bastante acogedor, lleno de discos de música. Tal vez todo estaba un poco desordenado, pero ese desorden cotidiano que te hace sentir cómoda. La cocina era pequeña y la cama compartía espacio con el salón, de modo que se podía ver la tele desde la cama sin mucho esfuerzo.


Me senté con cuidado en el borde, sosteniendo fuertemente la taza, con miedo de hacer algo que pudiera molestar a Dani. Me sentía rara a la par que cómoda en aquel sitio. Algo me decía que podía fiarme de aquel chico, pero aún no sabia por qué.  Dani empezó a liarse lo que parecía un canuto, mientras me miraba allí indefensa y se reía. Yo, no sé que tenia tanta gracia, pero en el fondo, no me molestaba. Le veía confiado y empecé a preguntarle por qué me había traído hasta su apartamento. 


- Como ya te dije, llevo meses observándote, pero nunca te habías percatado de ello, siempre andaba con cuidado de que no me vieras, pero hoy ya no pude mas, y me coloqué precisamente en ese lugar para llamar tu atención. Quería salvarte de una vez de las manos de esos tíos que no te merecen. Dirás que no te conozco, pero sé de ti lo suficiente como para asegurarte de que vale mucho mas de lo que te haces valer allí


+ ¿De verdad has visto todo lo que hacía con ellos?


- Desgraciadamente si, excepto cuando te ibas con ellos a alguna parte, tampoco iba a seguirte hasta donde quiera que fueras... 


Eso realmente me dolió, pensar que había visto todo cuanto hacía con esos tíos, me hacía sentir mal, y al parecer Dani se dio cuenta. Se acercó lentamente a la cama con el canuto en la boca, y me pidió que se lo encendiera. Me dijo que no pasaba nada mientras soltaba el humo cerca de mi cuello, como acariciándome lentamente.


-Todo eso ya ha pasado Laura, estoy contento de tenerte aquí, aunque eres libre de irte. Necesitaba al menos, por un rato, sacarte de aquello, me gustaría mostrarte que hay cosas mejores en el mundo, y que te estás perdiendo. Quería por un momento traerte aquí, y tratarte como te mereces.


Aquellas palabras resonaron en mi cabeza un buen rato hasta que me pasó aquel mágico cigarro. Entonces, empezamos a fundirnos con el humo, con las caladas, con las palabras que salían de la boca de cada uno. Dani era paciente, divertido, ingenioso, inteligente, simpático, amable, y sobretodo muy cariñoso. No paraba de hacerme reír como una tonta, me hacía olvidarme de cómo había llegado hasta allí, me hacía olvidar todos los sábados en los que me perdí por ahí sin saber a donde ir. Sabía tocarme como no lo hacían los otros. En sus gestos había algo mas que puro placer físico, pareciera que toda su alma se pusiese en pie de un salto con cada lunar que encontraba en el camino de mi piel, y no eran pocos. 


Casi sin darme cuenta había acabado recostada en la cama, siendo acariciada de arriba a abajo por su mano y su mirada. Casi sin darme cuenta había sido desnudada por sus palabras. Casi sin darme cuenta estaba a escasos centímetros de su cara, mordiéndome el labio, conteniendo las ganas de besarle. Casi sin darme cuenta tenía su pecho sobre el mio, y sentía su peso oprimiéndome. Casi sin darme cuenta, su sonrisa se fundió con la mía y tras ello nuestros labios, y progresivamente nuestras lenguas, nuestros pensamientos, nuestras emociones... 


Ese beso fue para mí como una dosis realidad chutada en vena, no sabía como ningún otro, no se sentía como ningún otro, no tenía nada que ver. Iba cargado de pasión, de deseo, de alegría, de cariño, de afecto, de amor... Iba cargado de él.


Poco a poco nos fuimos acomodando, el ambiente se fue soltando y pudimos ser nosotros mismos. Le notaba respirando nerviosamente, con la emoción de un niño que abre su regalo en navidad. Le sentía disfrutando de cada poro de mi piel mientras yo me dejaba acariciar por todas partes y gemía con timidez. Sus manos suaves se paseaban por mi pecho lenta y pausadamente, como queriendo memorizarlo. Su boca mordía cada centímetro de piel que encontraba a su paso mientras se dirigía hacia mis caderas. Mientras tanto yo me dejaba llevar, acariciaba su pelo, como queriendo recordarlo eternamente, y arqueaba mi espalda a cada bocado que recibía de su boca. 


La noche se me antojaba eterna. Quería disfrutar de él plenamente, quería, por encima de todo, que él disfrutara de mi. Era la primera persona que me hacía sentir de tal manera. Y sólo acababa de empezar.


Dani, entre mordisco y mordisco, se había situado entre mis piernas y me miraba divertido. Sabía que no podía hacer nada contra él, no podía controlarlo, él tenia el poder aquella noche y yo sólo podía dejarme hacer. Comenzó a lamerme lentamente, haciendo que cada vez fuera mas difícil para mi controlarme. Me agarraba de las sabanas, me mordía los labios, me retorcía... mientras tanto él simplemente seguía disfrutando de mi. Cuando creyó oportuno, volvió a colocarse encima mía, a escasos centímetros de mi oído y me susurró: "Me encantas". En aquel momento, mi corazón dio un vuelco, no pude contenerme mas... le abracé con todas mis fuerzas y comencé a llorar. 


No sé si esa era la respuesta que esperaba, pero no pareció importarle. Me ayudo a incorporarme un poco en la cama, y sin dejar de mirarme tiernamente, limpió de mis mejillas mis lágrimas y me dijo: "Quiero hacer el amor contigo esta noche" Y sin dejar de mirarme a los ojos se acercó y entró dentro de mi. En ese instante, cerró los ojos y me agarró con fuerza. Yo gemí y me abracé a el. Era la sensación mas hermosa del universo, ni el canuto mas fuerte, ni la mejor droga de todas podría compararse a lo que yo sentí. 


Hicimos el amor toda la noche, despacio, disfrutando de cada sacudida, de cada movimiento y de cada suspiro. Hicimos el amor, a sabiendas de que no sabíamos nada del otro, pero a la vez conociéndonos cada vez mas a cada vaivén de caderas, a cada choque de sentimientos. Y nos fuimos amando poco a poco, con cada orgasmo, y nos fuimos mezclando, poco a poco, con cada latido de corazón compenetrado. 




3 comentarios:

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  2. Ramón de Campoamor4:20

    LA SANTA REALIDAD


    ¡Inés! Tú no comprendes todavía
    el ser de muchas cosas.
    ¿Como quieres tener en tu alquería,
    si matas los gusanos, mariposas?
    Cultivando lechugas Diocleciano,
    ya decía en Salermo
    que no halla mariposas en verano
    el que mata gusanos en invierno.

    ¿Por qué hacer a lo real tan cruda guerra,
    cuando dan sin medida
    almas al cielo y flores a la tierra
    las santas impurezas de la vida?
    Mientras ven con desprecio tus miradas
    las larvas de un pantano,
    el que es sabio, sus perlas más preciadas
    pesca en el mar del lodazal humano.
    Tu amor a lo ideal jamás tolera
    los insectos, por viles.

    ¡Qué error! ¡Sería estéril, si no fuera
    el mundo un hervidero de reptiles!
    El despreciar lo real por lo soñado,
    es una gran quimera;
    en toda evolución de lo creado
    la materia al bajar sube a su esfera.

    Por gracia de las leyes naturales
    se elevan hasta el cielo
    cuando logran tener los ideales
    la dicha de arrastre por el suelo.
    Tú dejarás las larvas en sus nidos
    cuando llegue ese día
    en que venga a abrasarte los sentidos
    el demonio del sol de mediodía.
    Vale poco lo real, pero no creas
    que vale más tampoco
    el hombre que, aferrado a las ideas,
    estudia para sabio y llega a loco.

    Tú adorarás lo real cuando, instruida
    en el saber de las cosas,
    acabes por saber que en esta vida
    no puede haber, sin larvas, mariposas.
    ¡Piensa que Dios, con su divina mano
    bendijo lo sensible,
    el día que, encarnándose en lo humano,
    lo visible amasó con lo invisible!

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  3. Constantino Kavafis16:30

    LO OCULTO (1908)

    Por cuanto hice y por cuanto dije
    que no traten de encontrar quién era yo.
    Un obstáculo se alzaba y transformaba
    mis acciones y mi modo de vivir.
    Un obstáculo se alzaba y me detenía
    muchas veces cuando iba a hablar.
    Mis acciones más inobservadas
    y mis escritos más ocultos
    -sólo por allí me entenderán.
    Mas acaso no vale la pena gastar
    tanta atención y tanto esfuerzo para conocerme.
    Más tarde -en la sociedad más perfecta-
    algún otro, hecho como yo,
    ciertamente surgirá y actuará libremente.

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