jueves, 31 de octubre de 2013

Australia.

No me creo que tenga 19 años. Pienso que la edad sólo es un número. Hoy, soy una chica de quince años. Aunque no creo que haya dejado de serlo nunca, mi vida sigue allí estancada. ¿Recordáis cómo erais entonces? A ratos, yo lo recuerdo. Sueños imposibles, amores lejanos, problemas tontos, canciones de adolescente... cómo explicarlo... Tal vez como una maraña de sensaciones, un flujo de emociones incesante, una montaña rusa, ídolos increíbles. Ilusión.


Cuando tienes quince años, todo es posible, es la edad mas dura, tienes que decidir demasiadas cosas y todas ellas tendrán una repercusión en tu vida que ni siquiera imaginas en ese momento. Te juegas la gran parte de tu futuro cuando tienes quince años. Cuando tu mayor preocupación debería ser que ropa ponerte para impresionar a la persona que te gusta. Con quince años, haces las mayores gilipolleces que puedas imaginar. Y no te das ni cuenta. Los quince son aquellos años que tienes que aprovechar sí o sí. Pero no en juergas, tienen que ser de provecho. Debes encontrar a esa persona, tienes que mirar un poco por tu futuro y, sobretodo, tienes que proteger tu corazón. Sí, mantén tu corazón lo más lejos que puedas de esas personas que sólo quieren hundirte, de esas personas que sólo quieren verte sufrir. De esas personas, que parece que siguen intentándolo después de tantos años.

Sabes... ojalá tuviese quince años de verdad. Ojalá hubiera luchado por mis sueños. Ojalá hubiese hecho todo lo que acabo de escribir. Hoy sólo sé recordar...supongo que será el precio a pagar por el tiempo que he vivido sin pensar. Supongo, que la chica que me miraba, ha tomado posesión de mi otra vez. Tal vez, quiera volver a jugar conmigo. Creo que le divierto demasiado. No tiene otra cosa que hacer.


Me apetece cerrar los ojos, y dejarme llevar. Me acordaría de tantas cosas... se derramarían tantas lágrimas...Pero no puedo. Sería dejar que mis emociones hicieran conmigo lo que quisiera, y tengo que tenerlas bajo llave cuanto pueda. No puedo dejar que me controlen. Imaginaos. Podría ser toda una catástrofe. Aunque también podría navegar a sitios increíbles. Podría ser una estudiante de esas que llevan minifalda y que va a un colegio en el que existen taquillas. Podría protagonizar mi propio musical, o podría ser una gran bajista en el grupo que he formado en el garaje de mi vecino. Pensándolo mejor, podría ser una de esas chicas problemáticas que se escapan de madrugada para irse de fiesta con sus amigas mayores. Una de esas que tiene un novio macarra que las lleva en su moto a todas partes, que las hace disfrutar y que a la vez las lleva por el mal camino. Tal vez podría ser la estudiante modelo de la clase. Con aparatos y pelo rizado. Y muchas pecas. Pecas por todas partes. ¿Y que tal si fuera la chica gordita a la que nadie se acerca?Sí, esa amiga simpática a la que todos quieren, pero que nadie se follaría. Esa que está ahí siempre apoyándote, sin pedirte nada. Esa chica que llora todas las noches en su cuarto por que el chico que le gusta está saliendo con la mas puta de la clase por que le ha crecido pecho antes que a nadie. 



Pues que queréis que os diga... yo me quedo con ser la rara. Esa que se esconde por las esquinas detrás de un pelo negro espectacular. Esa que escucha música que nadie conoce. Esa que llora por las noches, por un amor que no puede conseguir. Esa que se levanta por las mañanas pensando: hoy empiezo la dieta. Esa misma chica que sólo tiene una amiga, pero que es la mejor amiga del mundo. Esa chica que sueña con ser millones de chicas, pero que en el fondo no quiere abandonar a la persona extraña que es. Esa chica trastornada y loca que sólo quiere ser feliz. Esa chica loca que es incapaz de madurar. Esa chica complicada.

Bebo agua. Respiro hondo. Son las 23:48. 30 de Octubre de 2013. Desgraciadamente, tengo 19 años.




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