Siento un dolor en el pecho que no me deja en paz, hace un rato que intento relajarme, pero no puedo, no lo consigo, solo me pongo aún mas nerviosa, mas rabiosa, mas triste.... Hoy es un día de mierda, me duele el estómago, no soy capaz de controlarme, y no soy capaz de tener la mente clara y calmada. Solo tengo ganas de llorar, de gritar y de cosas que, sinceramente, no queréis saber. Cada día me encuentro peor, cada día caigo mas y mas y me alejo de lo que solía ser, a menos que siga igual, sólo que ahora sea consciente de cómo estoy... más perdida, mas cansada, mas harta, mas límite. A cada día que pasa encuentro menos consuelo, no sé con quien hablar, no se en quien confiar, no sé con quien compartir el peso de mis errores, no sé quien podría merecer que yo le amargara la vida con mis cosas... Ya no puedo más, la bola se está haciendo demasiado grande, ha llegado demasiado lejos, no puedo seguir así tengo que deshacerme de ella como sea... es una maldita adicción autodestructiva que no me lleva a ninguna parte, y que solo consigue hacerme daño...
sábado, 1 de febrero de 2014
sábado, 25 de enero de 2014
¿Yo?
Ella se hallaba sentada en el suelo de su habitación junto a los pies de la cama, intentando aprovechar los rayitos de sol que se filtraban por el balcón, buscando un poco de calor para su frío y deshabitado corazón, pensando que el sol podría abrazarla, como nadie es capaz, envolviéndola completamente, llegándole al alma. No esperaba nada, mas que pasara el tiempo. De fondo, Bob Marley la acompañaba, y le daba conversación, o tal vez sólo hablase consigo misma, quien sabe, algunos dicen que estaba loca... Su cabeza se movía lentamente al ritmo de la música y parecía acompañar todas y cada una de las notas de la canción con todo su ser. Su mirada, parecía perdida en la nada, cómo si realmente nadie habitase ese cuerpo que se hallaba allí. A veces, volvía en si misma, paraba de moverse, abría los ojos un instante, agachaba la cabeza y volvía a perderse por dios sabe donde... Se la veía sola, dolida, cansada,triste, depresiva, pero se empeñaba en seguir manteniendo la cabeza alta, sin dejar que una lágrima brotase de sus ojos, como una pequeña soldado que luchaba por vivir intentando mantener al margen sus emociones. A ratos cerraba los ojos, y bailaba mentalmente, a ratos, parecía sonreír de tristeza, de la más profunda tristeza. De repente, sus ojos se abrieron, al parecer, algo había perturbado su tranquilidad, y se la vio inquieta. miró al frente, fijó sus ojos en la pantalla y dejó de bailar...
Abrí los ojos y me vi sentada en mi habitación, el reggae seguía sonando, pero ahora sonaba mucho mas lejano, aún cuando el altavoz seguía estando cerca mía. Vi a una chica reflejada en la pantalla de mi portátil. Tenía el pelo corto y le faltaba un pendiente aunque parecía haber compensado su falta con otro en la oreja izquierda. Me miraba fijamente con unos ojos hundidos en cansancio y que gritaban desesperadamente pidiendo ayuda. Tenían un cierto brillo de alegría que parecía provenir de la sorpresa de observar mi propia imagen. Extrañada la observé, se parecía a mi, muchísimo, pero no la reconocía, no me reconocía. Me sentía fuertemente ligada a ella, sabía que teníamos algo que nos conectaba, pero no acertaba a adivinar qué. No sabía que debía hacer, ¿Hablar? ¿Moverme? ¿Sonreír? Entonces descubrí que si me acercaba a la pantalla, ella lo hacía. Si me tocaba el pelo, ella me imitaba, pero no era posible, ¡no era yo!
Pasó un rato y ambas se limitaban a mirarse sin llegar a comprender que estaba pasando, se movían, se observaban, pero no se atrevían a hacer nada. Una, estaba confusa, pero la otra, deseaba con toda su alma poder comunicarse con su observadora, había esperado ese momento muchísimo tiempo y ahora... ¡no pasaba nada!. Estaba decepcionada con ella, o consigo misma, o con quien quiera que fuese aquella que la miraba a través de la pantalla como si fuese un bicho raro. Sus ojos empezaron a llenarse de lágrimas, estaba frustrada, había abierto los ojos porque aquella extraña la había visto y la había perturbado y ahora no se dignaba a ayudarla... ¿Qué cojones le pasaba a esa loca? Se la veía más cansada aún, mas aburrida, y sobretodo mas decepcionada. Su aspecto volvió a ser el de alguien que sólo mira al horizonte, sin mas razón que estar. Levanto su brazo, y se despidió. Cerró sus ojos, se concentró, dejó caer una lágrima por su mejilla, y sonriendo, comenzó a bailar lentamente.
Durante un buen tiempo nos miramos, pero yo era incapaz de reaccionar, no tenía ni idea de que hacer, veía como sus ojos se tornaban cada vez mas tristes y desesperados, pero no tenía manera de saber que ocurría. ¿Era yo la del reflejo? Era lo único que podía pensar mientras la miraba sin más... Pero entonces, ella decidió que no tenía sentido seguir con ese juego, imagino que ya había tenido suficiente, yo no era capaz de ayudarla... Y volvió a ser ella misma, cerró sus ojos, se despidió de mi, y comenzó a bailar, dejándome allí, sin poder respirar.
Durante un buen tiempo nos miramos, pero yo era incapaz de reaccionar, no tenía ni idea de que hacer, veía como sus ojos se tornaban cada vez mas tristes y desesperados, pero no tenía manera de saber que ocurría. ¿Era yo la del reflejo? Era lo único que podía pensar mientras la miraba sin más... Pero entonces, ella decidió que no tenía sentido seguir con ese juego, imagino que ya había tenido suficiente, yo no era capaz de ayudarla... Y volvió a ser ella misma, cerró sus ojos, se despidió de mi, y comenzó a bailar, dejándome allí, sin poder respirar.
sábado, 18 de enero de 2014
Look at me.
[[La idea es que esta entrada se vaya leyendo con sus respectivas canciones]]
Cerrar los ojos, moverse, vibrar, girar al son de una música que inunda tu mente, tu cuerpo, y se apodera de él. Reir, disfrutar, bailar, jugar con el aire, el viento, el humo y las preocupaciones. Flotar, cantar, gritar, "I JUST CAN'T BELIEVE, I JUST WANNA DREAM" Invitar a otros, sacarlos a bailar, chasquear los dedos, mover las caderas, inhalar. Despreocuparse, vivir sin más. ¿Podrá ser eso una realidad? ¿Existe de verdad ese lugar?.
Siento el tacto de mi piel rozando con el espeso humo. Siento mis dedos agarrando un futuro verde, un futuro tentador. Siento mis labios acariciándolo. Siento mi mente bailando. Siento todo a flor de piel, y hago contacto con ello. Me voy, hasta dentro de un rato, no sabréis de mi. Siento como mi cuerpo pide a gritos esta canción, como me incita a bailar, sin pensar, girando, sin mirar. Siento como me dice: para no pienses mas.
Y me hace caer, a lo mas profundo de mi ser, allí donde nadie ha estado jamás. Donde risa y llanto se funden, donde yo no sé si soy feliz o estoy triste. Donde todo a mi alrededor es oscuro, pero yo bailo, y juego con el humo, y con mi pelo, con mi pelo negro. Donde ya no importa cómo esté, si caen lágrimas o llueven risas, por que no hay nadie ahí para verlo. Por que puedo estar conmigo misma, y ser feliz en mi tristeza, y llorar en mi alegría.
Mírame, aquí estoy, soñando. Encerrada en mi pequeña oscuridad, bailando, llorando en lo mas hondo. Pero siempre soñando. Gritando, llamando a un futuro que no viene, que no llega. Gritando por alguien que no me escucha. Soñando. Por que es lo que mejor se me da. Por que mi vida no es más que mi película, mi pequeña producción. Donde todo es del color que yo lo quiera ver. Donde si algo no te gusta, simplemente tienes que esperar a que llegue la oportunidad de darle a rebobinar y jugar con el tiempo. Y soñar, que esta vez cambie la realidad. Que despierte y vueles libre en cuerpo y alma.
Todo lo que me pide es descansar, mi YO no puede mas, y necesita que esté con ella, es pequeña e indefensa, me necesita. Corramos juntas, saltemos, brillemos con los rayos de sol, que nuestra sonrisa deslumbre, por favor...
Y aquí sigo, ahora corro y salto, y voy con mas energía que nunca, buscando todo aquello que soñé, despejando el camino, saltando entre vallas, grietas, huecos, cadáveres y la ruina del mundo real. Sorteando obstáculos, cómo si de un escenario de guerra se tratase, muros caídos, puertas abiertas, casas rotas, sueños muertos,pero no aparto la vista del camino ni un instante, no puedo permitirmelo. Voy con ella, debo salvarla. Hay que salir de aquí, hay que perseguir el sueño. Hay que encontrarlo, ella tiene que se feliz.
Pero entonces encuentro otro superviviente, le veo y anda perdido, no puede ser, ¿Qué hace aqui? Parece que esto no es el fin. Sonrío para mí, corro con mas fuerza y lo agarro tirando de él. Y corremos, y seguimos el mismo camino. Y nos miramos, y sonreimos.¡GRITAMOS! Se siente bien. se siente vivo. No sé quien es, pero, estaba allí, se cruzaba en mi camino.
Podríamos parar y conocernos, pero ¿Que mas da? Al final cada uno seguirá su camino. Cada uno girará en una esquina distinta, y no se volverán a ver, por que el mundo no está hecho para dos. Al fin y al cabo mueres solo. Pero es mas bonito tener un lindo camino.
Mientras tanto disfrutemos, de la compañía y el momento, no te pares a pensar, o acabarás siendo un cadáver mas del mundo real. Huye, no importa con quien , no importa a donde, crea sueños, destrúyelos, pero siempre, persíguelos.
Cerrar los ojos, moverse, vibrar, girar al son de una música que inunda tu mente, tu cuerpo, y se apodera de él. Reir, disfrutar, bailar, jugar con el aire, el viento, el humo y las preocupaciones. Flotar, cantar, gritar, "I JUST CAN'T BELIEVE, I JUST WANNA DREAM" Invitar a otros, sacarlos a bailar, chasquear los dedos, mover las caderas, inhalar. Despreocuparse, vivir sin más. ¿Podrá ser eso una realidad? ¿Existe de verdad ese lugar?.
Siento el tacto de mi piel rozando con el espeso humo. Siento mis dedos agarrando un futuro verde, un futuro tentador. Siento mis labios acariciándolo. Siento mi mente bailando. Siento todo a flor de piel, y hago contacto con ello. Me voy, hasta dentro de un rato, no sabréis de mi. Siento como mi cuerpo pide a gritos esta canción, como me incita a bailar, sin pensar, girando, sin mirar. Siento como me dice: para no pienses mas.
Y me hace caer, a lo mas profundo de mi ser, allí donde nadie ha estado jamás. Donde risa y llanto se funden, donde yo no sé si soy feliz o estoy triste. Donde todo a mi alrededor es oscuro, pero yo bailo, y juego con el humo, y con mi pelo, con mi pelo negro. Donde ya no importa cómo esté, si caen lágrimas o llueven risas, por que no hay nadie ahí para verlo. Por que puedo estar conmigo misma, y ser feliz en mi tristeza, y llorar en mi alegría.
Mírame, aquí estoy, soñando. Encerrada en mi pequeña oscuridad, bailando, llorando en lo mas hondo. Pero siempre soñando. Gritando, llamando a un futuro que no viene, que no llega. Gritando por alguien que no me escucha. Soñando. Por que es lo que mejor se me da. Por que mi vida no es más que mi película, mi pequeña producción. Donde todo es del color que yo lo quiera ver. Donde si algo no te gusta, simplemente tienes que esperar a que llegue la oportunidad de darle a rebobinar y jugar con el tiempo. Y soñar, que esta vez cambie la realidad. Que despierte y vueles libre en cuerpo y alma.
Todo lo que me pide es descansar, mi YO no puede mas, y necesita que esté con ella, es pequeña e indefensa, me necesita. Corramos juntas, saltemos, brillemos con los rayos de sol, que nuestra sonrisa deslumbre, por favor...
Y aquí sigo, ahora corro y salto, y voy con mas energía que nunca, buscando todo aquello que soñé, despejando el camino, saltando entre vallas, grietas, huecos, cadáveres y la ruina del mundo real. Sorteando obstáculos, cómo si de un escenario de guerra se tratase, muros caídos, puertas abiertas, casas rotas, sueños muertos,pero no aparto la vista del camino ni un instante, no puedo permitirmelo. Voy con ella, debo salvarla. Hay que salir de aquí, hay que perseguir el sueño. Hay que encontrarlo, ella tiene que se feliz.
Pero entonces encuentro otro superviviente, le veo y anda perdido, no puede ser, ¿Qué hace aqui? Parece que esto no es el fin. Sonrío para mí, corro con mas fuerza y lo agarro tirando de él. Y corremos, y seguimos el mismo camino. Y nos miramos, y sonreimos.¡GRITAMOS! Se siente bien. se siente vivo. No sé quien es, pero, estaba allí, se cruzaba en mi camino.
Podríamos parar y conocernos, pero ¿Que mas da? Al final cada uno seguirá su camino. Cada uno girará en una esquina distinta, y no se volverán a ver, por que el mundo no está hecho para dos. Al fin y al cabo mueres solo. Pero es mas bonito tener un lindo camino.
Mientras tanto disfrutemos, de la compañía y el momento, no te pares a pensar, o acabarás siendo un cadáver mas del mundo real. Huye, no importa con quien , no importa a donde, crea sueños, destrúyelos, pero siempre, persíguelos.
domingo, 12 de enero de 2014
Lilith
Hubo un tiempo en que sus rizos negros habían visto la luz del sol y habían sido acariciados por el cantar de los mas bellos pájaros. Su vestido azul había lucido como el mas hermoso del lugar y nunca había mostrado un signo de estar arrugado. Sus zapatos de charol siempre habían estado bien cuidados ni una sola mancha podría dar a entender que habían sido descuidados ni un solo instante.
Por aquel tiempo, su rostro lucía cálido y sonrosado, sus pestañas estaban bien pintadas y arregladas y sus ojos mostraban un brillo realmente increíble. Su mirada era la mas limpia que alguien podría encontrar, y en ella se atisbaba un matiz dulce e inocente, que acababa de enamorar por completo. Su vida era siempre agitada y divertida, viajaba todo el tiempo por el mundo y conocía hasta los mas recónditos pueblos. Hacia siempre parada en la plaza mayor para darse a conocer, pues le encantaba ser la protagonista y el centro de las miradas, le encantaba hacer sonreír a la gente y sobre todo, le encantaba bailar. Era lo que mejor se le daba.
Recordaba que su mejor actuación había sido aquella en la que había bailado una pieza de ballet clásico en la plaza de un escondido pueblecito de pescadores. Aquel día, la plaza se encontraba abarrotada de gente que la miraban con especial interés, dado que allí no acostumbraban a recibir visitas. No eran mas que un pueblucho alejado de la mano de Dios. Ella se encontraba en mitad de la plaza y saludaba a todos con alegría e ilusión, haciendo reverencias y saludando con la mano. Se presentó mientras brincaba alrededor del corrillo que se había formado, y empezó a andar alrededor de la hermosa fuente que presidía el lugar.
El baile comenzó desde una esquina un tanto apartada. Ella hacía como quien empezaba a despertar, confusa, perdida, pero poco a poco iba alzándose, cada vez mas alto, con más interés, para acabar volando, sobre la hermosa fuente. Aquel día hubo incluso a quien se le saltaron las lágrimas. Sin duda había sido su mejor obra, nada que comparar con sus anteriores actuaciones. Ella se sentía orgullosa, muchísimo. Se había esforzado al máximo y vio que había valido la pena.
Tras aquel fantástico día, volvió a su hogar, si es que podía llamar así a aquello, un pequeño lugar revuelto y en el que apenas había unas telas viejas que le resultaban cómodas para dormir. Se encontraba satisfecha con su trabajo aquel día, aún podía recordar las cara animadas del público y al final las lágrimas de emoción que se atrevían a derramar algunos. Tenía pensado dormir profundamente pero la noche se presentó agitada, una fuerte lluvia cayó sobre el pueblo y un viento horrible y feroz perturbó su sueño, de manera que a la mañana siguiente se encontraba demasiado cansada y triste como para volver a actuar. Pero, aquel día fue distinto.
Cuando salió de su hogar descubrió de pronto que ya no se encontraba en aquel pueblo que tanto le había gustado la tarde anterior, ahora estaba en un sitio totalmente desconocido. No sabía que hacía en aquel lugar ni cómo había llegado a parar allí, pero se sintió de pronto muy asustada. No podía estar pasando, seguramente aquello debía de ser una pesadilla, no podía ser...
Descubrió entonces que estaba en el cuarto de herramientas de su maestro, tal vez sólo iban a arreglarle los zapatos, pero ella había tenido muchísimo cuidado siempre, no notaba que nada andase suelto. Miró a su alrededor con disimulo y descubrió que se encontraba sola, pero podía escuchar una voz lejana, que podía reconocer como la voz de Abel, aquel que le había enseñado todo lo que sabía. Parecía preocupado y triste, pero no podía ir corriendo hacia allí para preguntarle que ocurría, debía aguardar su llegada e intentar escuchar algo mientras tanto...
-... Yo, lo siento mucho Caudia, pero saber que es lo mejor y más ahora que...
Fue lo único que pudo escuchar, pero casi al instante él entro en la habitación acompañado de una anciana mujer, que debía de ser su mujer. Ciertamente, ella no la había conocido nunca así que, sólo se atrevió a pensarlo para sus adentros. Se quedaron allí ambos, mirando hacia Lilith, sin saber muy bien que hacer, cómo reaccionar. Pasó un rato hasta que Abel se decidió a hacer algo y con voz temblorosa dijo:
-Lo siento mucho Claudia, de verdad. Me duele más a mi que a ti, pero ésto ya no funciona, no nos da el dinero suficiente como para seguir viviendo tranquilos, y bueno, ahora que me salió esa oferta en el campo yo... no creo que deba rechazarla. Perdóname.-
Entonces agarró a Lilith por la cintura, con el mayor cuidado y mimo posibles y la miró a los ojos. -Lo siento pequeña, has hecho un trabajo fantástico.- Comenzó entonces a llorar y Claudia tuvo que consolarlo. Sabían que era una decisión difícil y que odiaban tener que tomar, pero era la decisión correcta. No había opción.
Lilith se sintió muy confusa, aún no comprendía del todo que es lo que estaba sucediendo y su cabeza no paraba de bullir mil ideas. No sabía que hacer, ni que iba a pasar. Abel seguía cogiéndola de la cintura y poco a poco iba levantándola, con temblor, de la superficie en la que se encontraba. Trataba de hacerlo con el mayor cariño posible, y se notaba en las lágrimas de tristeza que iban cayéndole poco a poco. Al fin, Lilith llegó a su nuevo destino, llevada siempre de la mano de Abel, su querido maestro. Cuando se quiso dar cuenta, se hallaba sentada en una estantería bastante alta, donde le acompañaban un par de cuadros viejos unas flores ya marchitas. En aquel instante fue cuando lo comprendió todo. No podía dejar de mirar a los ojos de Abel, sabiendo entonces todo lo que estaba ocurriendo. Se acabó. Se acabó todo. Los bailes, las excursiones, los viajes, los pueblos, los llantos, las risas. Aquel día, la función había terminado.
Abel, tuvo que dejar su profesión, la que amaba, ser titiritero, y Lilith se convirtió en otro de esos títeres olvidados, que ya nadie recuerda y a los que sólo les visita el polvo y la soledad. Su pelo nunca volvió a brillar, sus ojos perdieron todo atisbo de inocencia, y su vestido nunca más fue el que era...
Por aquel tiempo, su rostro lucía cálido y sonrosado, sus pestañas estaban bien pintadas y arregladas y sus ojos mostraban un brillo realmente increíble. Su mirada era la mas limpia que alguien podría encontrar, y en ella se atisbaba un matiz dulce e inocente, que acababa de enamorar por completo. Su vida era siempre agitada y divertida, viajaba todo el tiempo por el mundo y conocía hasta los mas recónditos pueblos. Hacia siempre parada en la plaza mayor para darse a conocer, pues le encantaba ser la protagonista y el centro de las miradas, le encantaba hacer sonreír a la gente y sobre todo, le encantaba bailar. Era lo que mejor se le daba.
Recordaba que su mejor actuación había sido aquella en la que había bailado una pieza de ballet clásico en la plaza de un escondido pueblecito de pescadores. Aquel día, la plaza se encontraba abarrotada de gente que la miraban con especial interés, dado que allí no acostumbraban a recibir visitas. No eran mas que un pueblucho alejado de la mano de Dios. Ella se encontraba en mitad de la plaza y saludaba a todos con alegría e ilusión, haciendo reverencias y saludando con la mano. Se presentó mientras brincaba alrededor del corrillo que se había formado, y empezó a andar alrededor de la hermosa fuente que presidía el lugar.
El baile comenzó desde una esquina un tanto apartada. Ella hacía como quien empezaba a despertar, confusa, perdida, pero poco a poco iba alzándose, cada vez mas alto, con más interés, para acabar volando, sobre la hermosa fuente. Aquel día hubo incluso a quien se le saltaron las lágrimas. Sin duda había sido su mejor obra, nada que comparar con sus anteriores actuaciones. Ella se sentía orgullosa, muchísimo. Se había esforzado al máximo y vio que había valido la pena.
Tras aquel fantástico día, volvió a su hogar, si es que podía llamar así a aquello, un pequeño lugar revuelto y en el que apenas había unas telas viejas que le resultaban cómodas para dormir. Se encontraba satisfecha con su trabajo aquel día, aún podía recordar las cara animadas del público y al final las lágrimas de emoción que se atrevían a derramar algunos. Tenía pensado dormir profundamente pero la noche se presentó agitada, una fuerte lluvia cayó sobre el pueblo y un viento horrible y feroz perturbó su sueño, de manera que a la mañana siguiente se encontraba demasiado cansada y triste como para volver a actuar. Pero, aquel día fue distinto.
Cuando salió de su hogar descubrió de pronto que ya no se encontraba en aquel pueblo que tanto le había gustado la tarde anterior, ahora estaba en un sitio totalmente desconocido. No sabía que hacía en aquel lugar ni cómo había llegado a parar allí, pero se sintió de pronto muy asustada. No podía estar pasando, seguramente aquello debía de ser una pesadilla, no podía ser...
Descubrió entonces que estaba en el cuarto de herramientas de su maestro, tal vez sólo iban a arreglarle los zapatos, pero ella había tenido muchísimo cuidado siempre, no notaba que nada andase suelto. Miró a su alrededor con disimulo y descubrió que se encontraba sola, pero podía escuchar una voz lejana, que podía reconocer como la voz de Abel, aquel que le había enseñado todo lo que sabía. Parecía preocupado y triste, pero no podía ir corriendo hacia allí para preguntarle que ocurría, debía aguardar su llegada e intentar escuchar algo mientras tanto...
-... Yo, lo siento mucho Caudia, pero saber que es lo mejor y más ahora que...
Fue lo único que pudo escuchar, pero casi al instante él entro en la habitación acompañado de una anciana mujer, que debía de ser su mujer. Ciertamente, ella no la había conocido nunca así que, sólo se atrevió a pensarlo para sus adentros. Se quedaron allí ambos, mirando hacia Lilith, sin saber muy bien que hacer, cómo reaccionar. Pasó un rato hasta que Abel se decidió a hacer algo y con voz temblorosa dijo:
-Lo siento mucho Claudia, de verdad. Me duele más a mi que a ti, pero ésto ya no funciona, no nos da el dinero suficiente como para seguir viviendo tranquilos, y bueno, ahora que me salió esa oferta en el campo yo... no creo que deba rechazarla. Perdóname.-
Entonces agarró a Lilith por la cintura, con el mayor cuidado y mimo posibles y la miró a los ojos. -Lo siento pequeña, has hecho un trabajo fantástico.- Comenzó entonces a llorar y Claudia tuvo que consolarlo. Sabían que era una decisión difícil y que odiaban tener que tomar, pero era la decisión correcta. No había opción.
Lilith se sintió muy confusa, aún no comprendía del todo que es lo que estaba sucediendo y su cabeza no paraba de bullir mil ideas. No sabía que hacer, ni que iba a pasar. Abel seguía cogiéndola de la cintura y poco a poco iba levantándola, con temblor, de la superficie en la que se encontraba. Trataba de hacerlo con el mayor cariño posible, y se notaba en las lágrimas de tristeza que iban cayéndole poco a poco. Al fin, Lilith llegó a su nuevo destino, llevada siempre de la mano de Abel, su querido maestro. Cuando se quiso dar cuenta, se hallaba sentada en una estantería bastante alta, donde le acompañaban un par de cuadros viejos unas flores ya marchitas. En aquel instante fue cuando lo comprendió todo. No podía dejar de mirar a los ojos de Abel, sabiendo entonces todo lo que estaba ocurriendo. Se acabó. Se acabó todo. Los bailes, las excursiones, los viajes, los pueblos, los llantos, las risas. Aquel día, la función había terminado.
Abel, tuvo que dejar su profesión, la que amaba, ser titiritero, y Lilith se convirtió en otro de esos títeres olvidados, que ya nadie recuerda y a los que sólo les visita el polvo y la soledad. Su pelo nunca volvió a brillar, sus ojos perdieron todo atisbo de inocencia, y su vestido nunca más fue el que era...
sábado, 4 de enero de 2014
No importa.
El ambiente cargado, las cortinas rajadas, el humo espeso, la habitación desordenada, la música alta, el ánimo bajo, la mirada perdida, la jeringuilla tirada. Su cuerpo tumbado en la cama, reposando. Él la miraba, desconcertado. ¿Qué ha pasado?
Al rato, ella sonríe y se levanta. Él, suspira aliviado. Coge las pocas ropas que encuentra y se las ofrece, pero ella, las niega. Se sienta en el borde de la cama, y comienza su tarea. Otro pitillo vuela. Sus ojos cargados no soportan mas dolor, es por eso que la encontraron tirada, fuera del colchón.
- ¿Acaso tu nunca quisiste escapar de todo? Ella me ayuda, me ofrece lo que todos me niegan, me da calor, me libera de la tensión, me hace imaginar un mundo mas ameno.
+ ¿Pero es que no te ves? ¡Estás echando tu vida a perder!
- ¿Y me lo dice el que se fuma mi hierba? Vamos hombre... sé que también quieres probar... sé que te atraemos más de lo que quieres demostrar.
+ ¡¿Qué dices?! ¿Estás loca? Sólo vine por que llevabas días sin aparecer, no dabas señales de vida.
- Por que la vida no es más que lo que yo quiera imaginar, y este mundo vil y cruel, no me lo permite.
+ Podrías al menos abrir la ventana, ¿no? Así al menos te daría un poco el aire fresco.
- Está bien así, no la toques.
+ ¿Me prometes que estás bien? Estoy muy preocupado por ti....
- Estoy bien si estás aquí... Quédate.
Y ella rodó por el colchón como Dios la trajo al mundo, y el tragó saliva intentando ocultar la vergüenza que sentía de sí mismo al verse allí, cohibido, sabiendo que ella, no tenía límites. Su piel blanca, destacaba sobre las mugrientas sábanas. Su pelo negro, contrastaba con sus ojos azules. Sus manos desgastadas, jugaban a ratos con el humo, y su sonrisa a veces se tornaba divertida. Él se miraba y apenas podía ver a alguien ajustado a las normas, vestido con traje y corbata, con zapatos apretados y con sonrisa forzada. Eran tan diferentes, que asustaba verlos en la misma habitación. Aunque allí, ¿Quien estaba realmente cuerdo de los dos?
-Oye, ¿vas a quedarte con ese pitillo mucho tiempo? ¡Te recuerdo que te lo hice yo! -Dijo soltando una carcajada.
+L-Lo siento. Es que me quedé embobado y...
-Acércate. Sé que me estabas mirando. No me importa.
+ N-No, toma aquí tienes...
Y ella se acercó consciente de lo que causaba en él. Sus pies dieron un par de pasos por el escaso suelo que se dejaba ver, esquivando una y mil cosas, teniendo cuidado de no pincharse. Llegó hasta su silla, y dulcemente lo rodeó por la espalda con los brazos. Él se removió en la silla, molesto. Y ella rió. ¿Tanto te asusto? Le preguntó. Por delante suya se paseó y le quito el pitillo, y con gesto burlón, se tiró en la cama.
- No sabes que bien se está aquí. ¿Sabes? No tengo que preocuparme de nada, de vez en cuando salgo al super de la esquina a comprar algo de comida, pero ni siquiera la necesito. Este cuarto es todo lo que necesito, es todo lo que quiero, es todo lo que puedo imaginar.
Entonces se movió quedando tumbada de lado, mirando hacia él, con los mechones de pelo largo cayéndole por el costado. Y por su pecho, por su escaso pero lindo pecho. En una mano sujetaba el pitillo, con la otra se sujetaba la cabeza.
- Anoche me sentí muy sola, ¿sabes? Imaginé que estabas aquí conmigo, y no con esos amigos tuyos tan estirados. ¿Cuando pasarás la noche conmigo? Si algo le falta a este cuarto sólo eres tu. Pero ni cuando llegas eres capaz de ser tu mismo. ¿Cuándo vas a dejar ese estúpido traje?... Me encantaría que estuvieras aquí conmigo, pero nunca lo haces. Por más que quieres, no lo haces.
+ D-De verdad piensas así de mi? Nunca me habías dicho nada...
- ¿Cómo quieres que lo haga? Te veo así, tan ocupado, con todas esas obligaciones... yo no puedo más que ser una simple niña que se droga y que tira su vida a la basura. Al menos, eso es lo que creo que soy para ti. Ojalá me entendieras...
Lo que ella no sabía, es que se moría de ganas de probarlas, de conocerlas, de perderse en ellas, de que le inundaran. O tal vez si que lo sabía. Eso nosotros, nunca lo sabremos. Para cuando lo supo, él ya se había levantado de la silla, y caminaba con miedo hacia la cama. Ella, tenía los ojos cansados, pero rebosantes de alegría. ¿Era acaso cierto lo que estaba pasando o aún seguía soñando? Pero en cuanto llego a su lado lo supo. Sus miradas se encontraron a la misma altura, y parecían hablarse sin decir nada. El tiempo se paró. Él se apartó, dejando que ella sufriera un poco, quería agarrarlo, tocarlo, saber que aquel que la visitaba todas las semanas era real. Pero no lo haría. No si él no quería. Se conformó son seguir consumiendo el pitillo, y acomodarse a un lado de la cama. Desde allí observó como, sin creerlo, él iba deshaciéndose de su corbata, y pronto de su camisa. Al poco, sólo quedaba su ropa interior.
- No tienes por qué hacerlo.
+ Quiero hacerlo.
Ella sonrió, como nunca antes, y a él le pareció la sonrisa mas bella que jamás podría encontrar. Estaba preparado, necesitaba de ella. Y aún asustado, entró al colchón, cogió el piti y le dio la calada mas honda que pudo. Ella no pudo esperar. Abrió lo más que pudo sus ojos, se apartó el pelo, y con la yema de sus dedos, tocó el torso desnudo de su acompañante. No podía creerlo, era una sensación mágica, mas mágica incluso que Ella misma. Podía tocarlo, podía sentirlo, mas cerca que ninguna otra vez. Por fin estaba completa.
Sus mejillas se sonrojaron y sus ojos se cerraron. Una asustadiza lágrima salió y rodó por su cara. Dejando salir todo aquello que había guardado durante todo aquel año. Era cierto, no había estado viviendo un sueño, aquel que la visitaba era real. Y estaba allí con ella.
El soltó el pitillo, la miró y adivinó sus pensamientos. Los vio reflejados en aquella pequeña lágrima y le asustaron. ¿Cómo una niña tan pequeña, podría guardar tanto? Sin dudarlo la abrazó, y ciego de aquel ambiente, le susurró algo al oído. Ella asintió y con la alegría del que abre sus regalos en navidad, deslizó sus manos por la espalda de él, sintiendo cada poro de su piel, fundiéndose a cada centímetro un poco mas. Y llegó al final, y recorrió cada parte de su costado, y de su pecho. Y bajó, y delicada como un algodón, segura de lo que hacía, le robó la ropa interior. Se asustó, y tuvo miedo de haber echo algo imprudente. Nunca él se había mostrado tan abierto con ella. No sabía cómo alguien como él, había sido capaz de entrar en un mundo como el de ella.
El tiempo pasó muy rápido, y el humo del cuarto se incrementó. La música siguió sonando y acompañando a los dos desconocidos que por fin se estaban encontrando.
+ Hacía mucho que me había planteado hacer esto... Pero me parecía muy arriesgado. Pensé que realmente mi camino era el correcto, y venía a visitarte sólo para cerciorarme de que lo era. Pero poco a poco, me fui enganchando a este ambiente, cargado. Y ahora, estando aquí contigo, entiendo que no es humo lo que lo llena, sino sueños e ilusiones rotas. Por mi culpa. Por no saber entenderte. Porque sólo te veía como una yonki mas. Pero no, no eres así. Eres alucinante, tienes algo que no te deja indiferente.
- Aún te queda mucho por aprender... tienes que conocerla a Ella. Sé que desde fuera no es agradable de ver, sé que te preocupé muchísimo cuando me encontraste, pero... Ella es mi mejor amiga. Siento que tuviéramos que conocernos así. Pero no podía ser de otra manera.
+ Eres increíble, pero al menos, por ahora, déjame disfrutarte a ti. ¿No? No te negaré que no siento curiosidad por las dos. Pero tú, bonita, me atraes mas.
Y ambos rieron juntos. Por primera vez.
Al rato, ella sonríe y se levanta. Él, suspira aliviado. Coge las pocas ropas que encuentra y se las ofrece, pero ella, las niega. Se sienta en el borde de la cama, y comienza su tarea. Otro pitillo vuela. Sus ojos cargados no soportan mas dolor, es por eso que la encontraron tirada, fuera del colchón.
+ ¿Pero es que no te ves? ¡Estás echando tu vida a perder!
- ¿Y me lo dice el que se fuma mi hierba? Vamos hombre... sé que también quieres probar... sé que te atraemos más de lo que quieres demostrar.
+ ¡¿Qué dices?! ¿Estás loca? Sólo vine por que llevabas días sin aparecer, no dabas señales de vida.
- Por que la vida no es más que lo que yo quiera imaginar, y este mundo vil y cruel, no me lo permite.
+ Podrías al menos abrir la ventana, ¿no? Así al menos te daría un poco el aire fresco.
- Está bien así, no la toques.
+ ¿Me prometes que estás bien? Estoy muy preocupado por ti....
- Estoy bien si estás aquí... Quédate.
Y ella rodó por el colchón como Dios la trajo al mundo, y el tragó saliva intentando ocultar la vergüenza que sentía de sí mismo al verse allí, cohibido, sabiendo que ella, no tenía límites. Su piel blanca, destacaba sobre las mugrientas sábanas. Su pelo negro, contrastaba con sus ojos azules. Sus manos desgastadas, jugaban a ratos con el humo, y su sonrisa a veces se tornaba divertida. Él se miraba y apenas podía ver a alguien ajustado a las normas, vestido con traje y corbata, con zapatos apretados y con sonrisa forzada. Eran tan diferentes, que asustaba verlos en la misma habitación. Aunque allí, ¿Quien estaba realmente cuerdo de los dos? -Oye, ¿vas a quedarte con ese pitillo mucho tiempo? ¡Te recuerdo que te lo hice yo! -Dijo soltando una carcajada.
+L-Lo siento. Es que me quedé embobado y...
-Acércate. Sé que me estabas mirando. No me importa.
+ N-No, toma aquí tienes...
Y ella se acercó consciente de lo que causaba en él. Sus pies dieron un par de pasos por el escaso suelo que se dejaba ver, esquivando una y mil cosas, teniendo cuidado de no pincharse. Llegó hasta su silla, y dulcemente lo rodeó por la espalda con los brazos. Él se removió en la silla, molesto. Y ella rió. ¿Tanto te asusto? Le preguntó. Por delante suya se paseó y le quito el pitillo, y con gesto burlón, se tiró en la cama.
- No sabes que bien se está aquí. ¿Sabes? No tengo que preocuparme de nada, de vez en cuando salgo al super de la esquina a comprar algo de comida, pero ni siquiera la necesito. Este cuarto es todo lo que necesito, es todo lo que quiero, es todo lo que puedo imaginar.
Entonces se movió quedando tumbada de lado, mirando hacia él, con los mechones de pelo largo cayéndole por el costado. Y por su pecho, por su escaso pero lindo pecho. En una mano sujetaba el pitillo, con la otra se sujetaba la cabeza.
- Anoche me sentí muy sola, ¿sabes? Imaginé que estabas aquí conmigo, y no con esos amigos tuyos tan estirados. ¿Cuando pasarás la noche conmigo? Si algo le falta a este cuarto sólo eres tu. Pero ni cuando llegas eres capaz de ser tu mismo. ¿Cuándo vas a dejar ese estúpido traje?... Me encantaría que estuvieras aquí conmigo, pero nunca lo haces. Por más que quieres, no lo haces.
+ D-De verdad piensas así de mi? Nunca me habías dicho nada...
- ¿Cómo quieres que lo haga? Te veo así, tan ocupado, con todas esas obligaciones... yo no puedo más que ser una simple niña que se droga y que tira su vida a la basura. Al menos, eso es lo que creo que soy para ti. Ojalá me entendieras...
Lo que ella no sabía, es que se moría de ganas de probarlas, de conocerlas, de perderse en ellas, de que le inundaran. O tal vez si que lo sabía. Eso nosotros, nunca lo sabremos. Para cuando lo supo, él ya se había levantado de la silla, y caminaba con miedo hacia la cama. Ella, tenía los ojos cansados, pero rebosantes de alegría. ¿Era acaso cierto lo que estaba pasando o aún seguía soñando? Pero en cuanto llego a su lado lo supo. Sus miradas se encontraron a la misma altura, y parecían hablarse sin decir nada. El tiempo se paró. Él se apartó, dejando que ella sufriera un poco, quería agarrarlo, tocarlo, saber que aquel que la visitaba todas las semanas era real. Pero no lo haría. No si él no quería. Se conformó son seguir consumiendo el pitillo, y acomodarse a un lado de la cama. Desde allí observó como, sin creerlo, él iba deshaciéndose de su corbata, y pronto de su camisa. Al poco, sólo quedaba su ropa interior.
- No tienes por qué hacerlo.
+ Quiero hacerlo.
Ella sonrió, como nunca antes, y a él le pareció la sonrisa mas bella que jamás podría encontrar. Estaba preparado, necesitaba de ella. Y aún asustado, entró al colchón, cogió el piti y le dio la calada mas honda que pudo. Ella no pudo esperar. Abrió lo más que pudo sus ojos, se apartó el pelo, y con la yema de sus dedos, tocó el torso desnudo de su acompañante. No podía creerlo, era una sensación mágica, mas mágica incluso que Ella misma. Podía tocarlo, podía sentirlo, mas cerca que ninguna otra vez. Por fin estaba completa.
El soltó el pitillo, la miró y adivinó sus pensamientos. Los vio reflejados en aquella pequeña lágrima y le asustaron. ¿Cómo una niña tan pequeña, podría guardar tanto? Sin dudarlo la abrazó, y ciego de aquel ambiente, le susurró algo al oído. Ella asintió y con la alegría del que abre sus regalos en navidad, deslizó sus manos por la espalda de él, sintiendo cada poro de su piel, fundiéndose a cada centímetro un poco mas. Y llegó al final, y recorrió cada parte de su costado, y de su pecho. Y bajó, y delicada como un algodón, segura de lo que hacía, le robó la ropa interior. Se asustó, y tuvo miedo de haber echo algo imprudente. Nunca él se había mostrado tan abierto con ella. No sabía cómo alguien como él, había sido capaz de entrar en un mundo como el de ella.
El tiempo pasó muy rápido, y el humo del cuarto se incrementó. La música siguió sonando y acompañando a los dos desconocidos que por fin se estaban encontrando.
+ Hacía mucho que me había planteado hacer esto... Pero me parecía muy arriesgado. Pensé que realmente mi camino era el correcto, y venía a visitarte sólo para cerciorarme de que lo era. Pero poco a poco, me fui enganchando a este ambiente, cargado. Y ahora, estando aquí contigo, entiendo que no es humo lo que lo llena, sino sueños e ilusiones rotas. Por mi culpa. Por no saber entenderte. Porque sólo te veía como una yonki mas. Pero no, no eres así. Eres alucinante, tienes algo que no te deja indiferente.
- Aún te queda mucho por aprender... tienes que conocerla a Ella. Sé que desde fuera no es agradable de ver, sé que te preocupé muchísimo cuando me encontraste, pero... Ella es mi mejor amiga. Siento que tuviéramos que conocernos así. Pero no podía ser de otra manera.
+ Eres increíble, pero al menos, por ahora, déjame disfrutarte a ti. ¿No? No te negaré que no siento curiosidad por las dos. Pero tú, bonita, me atraes mas.
Y ambos rieron juntos. Por primera vez.
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