domingo, 12 de julio de 2015

Esfera de Cristal.

Todo se derrumba alrededor. Vuelvo a estar sola en medio de una habitación oscura. Soy capaz de distinguir ciertos relieves. Una puerta me separa del exterior. No. Desaparece. Solo estoy yo en mitad del cuarto. Flotando en el vacío. Acaba de desaparecer el suelo. Las paredes se resquebrajan. El techo comienza a flotar. Oscuridad. Es lo que hay afuera. Salgo de un cuarto oscuro, para encontrarme de lleno en una enorme esfera de cristal. Vacía. Oscura. Nada. No se ven luces ni estrellas cercanas. Todo está lejos. Todo brilla poco. En el interior solo me encuentro yo. Tengo un top a rallas. Un pantalón negro, y unas imitación de converse, que más quisieran parecerse a ellas. El pelo rojo. Las uñas negras. Me siento sola. Me duele la cabeza. Mis ojos lloran sin lágrimas. Mi mente arde. Entra en ebullición y deja escapar un sinfín de pensamientos. Todos hecho hilos, de colores, que se estiran. Pegajosos. Brotan. Saltan. Salpican. Y van saturando la esfera, que se va llenando. Temo ahogarme. No sé nadar.

Giro y giro sin parar. La vía láctea frente a mi. Millones de estrellas a mi alrededor. Todas brillan. Yo no. Dolor. Dolor. Dolor. Humo blanco. Giro y no puedo parar. Todo se mueve. Yo no. Yo si. Pelo revuelto. Pelo suelto. Pelo fuego. Luz. Oscuridad.


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