Qué me dirías si te dijese que hoy no quiero oir el mundo, que prefiero oir tu risa hasta que me quede sorda.
Qué me dirias si te dijese que hoy no quiero hablar, que quiero que me escuches el corazón y dejar que él lo diga todo.
Que me dirías si te dijese que hoy no quiero sentir el viento ni la brisa, sino tus manos arrancándome la camisa.
Que tal si ahora te digo, que hoy te siento hasta en el ombligo.
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